Hay una manzana en la calle [Koan]

Hay una manzana en la calle [Koan]

En el budismo zen entrenamos la mente y la comprensión a través del estudio de los koan.

Los koan son frases, diálogos o preguntas que sólo pueden ser descifradas usando la contemplación mientras se están en zazen.

Son reflejos y paradojas de la vida que nos aportan conocimiento e introspección. No pueden ser explicados de forma absoluta debido a que cada koan puede significar algo distinto para cada estudiante.

Han sido parte del zen desde al menos hace 1,000 años y de vez en cuando surgen de manera espontánea.

Como en este caso:

 

Hay una manzana en la calle,

pero no hay árbol.

Sólo que no es una manzana.

Es un limón.

Pero tampoco hay árbol.

 

La historia detrás de este koan es graciosa.

Todos los domingos por la mañana tengo llamada via Skype con mi maestro en Tsukuba, Japón. Estaba a punto de sentarme en mi escritorio para hablar con él cuando mi novia gritó que desde la ventana de la cocina se veía una manzana en la calle. Sí, sí. Una manzana verde tirada en la calle.

Ver una manzana tirada en la calle no es común. Esto nos sorprendió porque las manzanas no son nativas de esta ciudad. Para nosotros las manzanas están en el super mercado o en algún refrigerador (nevera).

Corrí a ver la manzana. Se me hizo curioso, sonreí y regresé a mi escritorio. Había una llamada perdida de mi maestro. De inmediato le llamé de regreso y le expliqué que no había respondido porque estaba ocupado viendo una manzana en la calle.

Siendo el Zen Master que es, se quedó pensando unos instantes.

—Estabas viendo una manzana en la calle—, repitió pensativo. —¿Se cayó de algún árbol?—, preguntó.

Le expliqué que aquí no hay árboles de manzana y explotó en carcajadas. Me preguntó si le estaba diciendo un koan.

Le dije que no y que iba a tomar una foto de la misteriosa manzana para enviársela. Así pues, nuestra llamada continuó como de costumbre para terminar minutos después. Mi novia tomó su cámara y salió para retratar la manzana.

Sólo que no era una manzana. Era un limón.

limon-manzana

Esto hizo la situación mucho más cómica y me hizo pensar.

Somos muy rápidos para emitir juicios y para abrazarnos a nuestras opiniones del universo, sin tomarnos la molestia de ver bien y comprobar los hechos.

Juzgamos a las personas por lo que aparentan, por cómo visten o por la música que escuchan.

Afirmamos nuestro lugar en el universo tratando de convencer a todo el mundo que nuestras opiniones son más valiosas que las de otros.

Etiquetamos las experiencias, el pasado y a las personas.

Odiamos todo lo que es diferente a nosotros. Le tememos, lo repudiamos y terminamos atacando.

Y una vez que el juicio u opinión se instalan en nuestra mente, no verificamos si estamos en un error o no. Nos cerramos ante nuestro gordo ego y nos es imposible remover las etiquetas.

Yo estaba seguro que estaba mirando una manzana en la calle y me abracé a esa opinión.

El apego a nuestras opiniones puede hacer la vida muy, muy difícil.

Creo que este pequeño koan nos puede enseñar mucho si lo vemos con humor.

La ceguera ideológica nos evita distinguir un limón de una manzana.

Y al final… es sólo un limón.

 

 

En este lugar no hay tú

Siéntate a meditar porque es el único sitio del universo donde tú no existes.

Es donde puedes llegar, respirar tranquilo y saber que al entrar estás dejando el ego fuera de ti. Te miras por fuera y por dentro. Viajas por un espacio infinito donde están tus recuerdos, tus miedos y tus deseos.  Hilas todos los cabos sueltos que forman tu vida, pero aprendes a dejar ir todo.

Lo bueno y lo malo flotan y se pierdan en la inmensidad. Se van los pensamientos y los sueños para dejar un vació efímero en donde el cuerpo y las leyes de la física ya no son relevantes.

En este lugar todos los budas se sientan en ti. Eres el Buda siendo el Buda, meditando como el Buda. Ya no eres tú. Eres el flujo de la vida que mueve al universo. Te conviertes en una gota más que cae y se une al océano cósmico.

Al meditar estás doblando el tiempo y el espacio para convertirlos en una sola masa relativa que da origen a lo absoluto.

Quizá el cuerpo esté en un zendo, en una escuela de yoga, en una estación del metro o en un hospital. La mente vacía abandona todo y te une al todo.

Eres todo. Todo eres. Es la dulce dualidad del ser en la que aprendemos que la tristeza y la desilusión son sólo parte de la vida y tenemos que abrazarlas justo como abrazamos la dicha y la felicidad.

Cuando meditas se eliminan las barreras y la división entre tú y no-tú. Ya no hay más fronteras, colores ni opiniones.

Cuando meditas alcanzas ese lugar donde no hay tú.

La respuesta está en el silencio

La pregunta más difícil de responder es ¿por qué?

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué la maldad, el abuso, el odio, la división?

¿Por qué la confusión, el caos, el desorden, la desigualdad?

¿Por qué la violencia, el ejército, los policías y el terrorismo?

¿Por qué lo políticos, los medios masivos, la corrupción, la manipulación?

¿Por qué estoy aquí?

¿Por qué estamos aquí?

¿Por qué debo hacer esto, aquello?

¿Por qué obedecer, hacer, aprender, lograr?

¿Por qué meditar, actuar, mentir o hablar con la verdad?

¿Por qué hay que esforzarse, subir y vencer al oponente?

¿Por qué hay oponentes? ¿Por qué perdemos y dejamos que nos pisoteen?

Junta todos los por qués te tengas.

Siéntate con ellos. Juega con ellos en tu mente, como si fueran barajas.

Ahora déjalos ir. Suéltalos. No los necesitas.

¿Qué es lo que queda?

Sólo silencio.