Con la llegada de octubre la naturaleza nos recuerda hay belleza en la impermanencia y nos regala los colores cambiantes de la estación.
Este obsequio de postales y texturas son una enseñanza sobre generosidad e impermanencia. Ambas perfectas y sublimes.
La práctica de dana es el ejercicio de un corazón abierto que da sin expectativas. Sus donativos son la energía que permite que nuestra comunidad siga siendo un faro de calma y silencio, un lugar donde todos podemos nutrir nuestra práctica y encontrar refugio.
Es por ustedes que podemos mantener todos los servicios que usamos, ofrecer compasión a los demás y asegurar que las enseñanzas del Buda y Dogen sigan accesibles para todos.
La sabiduría del gran maestro Kukai, fundador del budismo Shingon, nos ofrece una metáfora sobre el acto de dar:
«Quien enciende una luz para otro, ilumina también su propio sendero».
Esta imagen nos muestra que la generosidad no es una pérdida, sino una ganancia compartida.Fortalecemos nuestra propia práctica y llenamos nuestro camino de luz.
Agradezco de corazón su práctica de la generosidad.
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Práctica de Dana Paramita: Dana, o generosidad, es una de las perfecciones que cultivamos en el Budismo. Al dar, no solo ayudamos a otros, sino que cultivamos nuestra propia mente desapegada y compasiva.
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Recordemos las palabras de Dogen Zenji: «Practicar la generosidad es el fundamento de la Vía». Al abrir nuestros corazones y manos en Dana, abrimos también las puertas a un mayor entendimiento y compasión.
Agradezco profundamente su continuo apoyo y generosidad. Juntos, mantenemos viva la llama del Dharma.
Que todos los seres se beneficien de nuestra práctica.
A todos nos ha pasado. Vemos a alguien que queremos como un amigo o un familiar atrapado en un ciclo de sufrimiento o tomando decisiones que le hacen daño, y nuestro primer impulso es saltar a rescatarle. Queremos arreglar las cosas, aliviar su dolor, ser la persona que le tienda una mano. Este impulso nace de un lugar hermoso, de nuestro deseo de conectar y cuidar. Pero, a veces, nuestra forma de ayudar, con toda la buena intención del mundo, podría ser un ejemplo de compasión idiota y causamos más daño que bien.
Este concepto budista, la «compasión idiota», fue acuñado por Chogyam Trungpa Rimpoché y, aunque el nombre suena fuerte, no es un insulto. Es un término para mirar más de cerca nuestras acciones. Se refiere a esa compasión que actúa sin sabiduría; una bondad que, en el fondo, está más preocupada por nuestra propia necesidad de sentirnos buenos o por nuestro miedo al conflicto, que por el bienestar real y a largo plazo de la otra persona.
La Ven. Pema Chodron, una querida maestra budista, la describe como un «enemigo cercano» de la verdadera compasión. Se le parece mucho en la superficie porque es amable y generosa, pero le falta el ingrediente esencial, la sabiduría.
¿Cómo se ve la Compasión Idiota en la vida real?
Imagina que un amigo te pide que le ayudes a espiar a alguien que le gusta, revisando sus redes sociales o siguiéndole, todo sin su consentimiento. Tu impulso podría ser ayudarle por lealtad o para que no se sienta mal, pensando que es algo inofensivo. En apariencia, es un acto de amistad. Sin embargo, si esta acción cruza límites éticos y personales, invadiendo la privacidad de otra persona y alimentando una obsesión poco sana en tu amigo, ¿le estás ayudando realmente? O, sin darte cuenta, ¿te has convertido en cómplice de un comportamiento dañino?
La compasión idiota se manifiesta cuando:
Evitamos decir «no» por miedo a herir los sentimientos de alguien, aunque sepamos que ceder es perjudicial.
Permitimos que nos traten mal en nombre de «no cerrar nuestro corazón», confundiendo la paciencia con la sumisión.
Intentamos «arreglar» los problemas de los demás para calmar nuestra propia ansiedad ante su sufrimiento.
En el fondo, esta compasión idiota es una compasión centrada en el «yo». Nace de nuestra incomodidad, no de la necesidad genuina del otro.
La respuesta del Zen: unir la sabiduría y la compasión
En el budismo Zen, la compasión (Karun?) y la sabiduría (Prajñ?) son inseparables. Se dice que son como las dos alas de un pájaro: con una sola, no se puede volar. La compasión sin sabiduría es ciega y torpe. La sabiduría sin compasión es fría y estéril. La verdadera práctica consiste en cultivar ambas.
Piensa en la figura de Manjushri, el Bodhisattva de la Sabiduría. A menudo se le representa con una espada en la mano. Esta no es una espada de violencia, sino una espada que corta la ignorancia, la confusión y el engaño. A veces, la acción más compasiva que podemos tomar es usar esa «espada» simbólica para trazar un límite claro.
O piensa en Chocobuda, bodhisattva del heavy metal, que siempre está listo para terminar tu modo zombie al blandir su chancla voladora a través de todos los continentes.
Decir «basta», «no puedo seguir apoyando esto» o simplemente «no», no es una falta de amor. Al contrario, puede ser el acto de compasión más profundo y valiente. Es compasivo para ti, porque te niegas a participar en una dinámica dañina. Y es compasivo para la otra persona, porque al establecer un límite, le ofreces la única oportunidad real de despertar y enfrentar su propia situación. Le dices, con tus acciones: «Te respeto tanto que confío en tu capacidad para encontrar tu propio camino, incluso si es difícil».
De la Compasión Idiota a una Compasión Sabia
Practicar una Compasión Sabia no es fácil. Requiere valentía para aceptar la incomodidad del conflicto y la honestidad para examinar nuestras verdaderas motivaciones. La próxima vez que sientas el impulso de «rescatar» a alguien, prueba a hacer una pausa y preguntarte:
¿Mi ayuda realmente apoya el crecimiento de esta persona?
¿Estoy actuando desde un amor claro o desde mi propio miedo e incomodidad?
¿Cuál es la acción que sirve a todos los involucrados, incluyéndome a mí?
El camino no es dejar de ser amables, sino enriquecer nuestra práctica siendo valientes y actuando con este amor que, aunque rudo, es puro. A veces, la mano que ayuda debe ser la misma que traza una línea en la arena, no por rechazo, sino por un amor que es lo suficientemente profundo como para querer el verdadero florecimiento del otro.
O también me gusta decir que: el amor a veces también viene en forma de chancla.
Este Zazenkai celebraremos una fecha importante para el Soto Zen, Ryoso-ki.
Significa literalmente el «Memorial de los Dos Fundadores». Es un día solemne de profunda gratitud en el que honramos las vidas y enseñanzas de los maestros que nos transmitieron el Dharma en Japón: Koso Dogen Zenji (fundador de la escuela) y Taiso Keizan Zenji (el gran popularizador). Al participar en esta ceremonia, no solo recordamos su legado, sino que también renovamos nuestro compromiso con su práctica de shikantaza, reconociendo que sus vidas de práctica son la base de la nuestra hoy.
Casi siempre el Gran Maestro Dogen se lleva las conmemoraciones y dejamos un poco olvidado a Keizan. Vamos a hacer algo al respecto. Este Zazenkai será más sobre Soji Keizan Zenji (1264-1325).
Soji Keizan es el nombre que le damos al segundo gran fundador del Soto Zen, Keizan J?kin, por su conexión con el templo Soji-ji, uno de nuestros dos templos principales. Mientras D?gen Zenji sentó las bases filosóficas y monásticas, Keizan Zenji fue el responsable de difundir el Soto Zen a lo largo y ancho de Japón, abriéndolo a monjes y laicos sin importar el género o estatus social. Se le considera el «padre compasivo» de la escuela, cuya energía e inclusividad permitieron que el Soto Zen se convirtiera en la gran tradición que es hoy, uniendo la estricta disciplina de Dogen con una profunda empatía por el mundo.
¡Los espero!
Dana
Los monjes budistas dependemos de la generosidad de nuestra comunidad para nuestro sustento. No tenemos salario y vivimos con sencillez, por lo que cada donación es muy apreciada.
Con tu ayuda, me es posible continuar difundiendo las enseñanzas del Buda y de los Patriarcas del Zen, y compartiendo su mensaje de compasión con el mundo.
Tu donación me ayudarás a seguir ofreciendo clases de Budismo Soto Zen, Zazen y otras actividades que benefician a la comunidad. ¡Gracias por tu amabilidad y generosidad!
Zazenkai significa Meditamos Juntos, y son las reuniones semanales de una sangha Soto Zen. En Grupo Zen Ryokan nos reunimos todos los domingos, para una pequeña ceremonia, practicar Zazen juntos y aprender Budismo Soto Zen.
Si estás fuera de Guadalajara, Jalisco, puedes participar con nosotros vía Zoom en vivo, o ver la transmisión grabada en YouTube.
Si estás en la ciudad, te esperamos en el Árbol del Yoga, siempre y cuando sigas al pie de la letra las medidas de prevención por la contingencia sanitaria. Detalles aquí.
El tema del día será: Ryosoki: Celebrando a Keizan Zenji.
Los espero:
Día: Domingo 28 de septiembre de 2025.
Hora: Ciudad de México / Guadalajara 10:00h Caracas / La Paz 12:00h Madrid 18:00h
Por respeto al Maestro y los asistentes, LLEGAR TEMPRANO. Comenzamos a la hora en punto y se cerrará la reunión de Zoom.
Duración: 90 minutos.
Lugar: Sala de Zoom. El enlace a la sala será publicado 15 minutos antes en el grupo de difusión en WhatsApp. Clic aquí.
Si no te puedes conectar a esa hora, puedes participar en la grabación que quedará en YouTube.
Indicaciones especiales para Zoom:
Descargar nuestro cuaderno de liturgia de https://1drv.ms/w/s!Akxki0vbnRKilJdQA9WC8DyqzTqBaA?e=swI1t4
Llevar ropa cómoda.
Preparar cojín, silla o zafu.
Tener agua disponible.
Elegir un lugar donde se pueda ver la pantalla con claridad y tener espacio para moverse y sentarse en un cojín o silla.
Seguir las instrucciones que daré en el video.
Un poco de incienso siempre es buena idea.
Espero verlos ahí. Cualquier duda o pregunta ya saben que siempre estoy disponible.
Cuando uno empieza en esto del budismo, es súper normal quedarse embobado con lo bonitos y complicados que son los altares de los templos o de los hogares de otros practicantes. Y claro, tarde o temprano te entran ganas de montar tu propio altar budista en casa. El problema es que casi nunca hay mucha información al respecto, o no hay una guía clara que te eche una mano con eso.
En esta nueva serie de posts vamos a explorar, con calma y curiosidad, los elementos que componen un altar budista en casa. Pero antes de hablar de estatuas, inciensos o campanas, quiero considerar el espacio mismo que se usa, sobre ese rincón especial que se convierte en el corazón de nuestra práctica espiritual.
Quiero dejar claro, antes de comenzar, algo muy importante. No existe una fórmula única y perfecta para crear tu altar. Tu altar, ante todo, debe ser un reflejo de tu corazón y de tu práctica. Puede ser minimalista y contener apenas una piedra y una vela, o puede ser más elaborado. Todos los altares, cuando se crean con intención, son hermosos, y compararlos es una tarea inútil. Aunque en esta serie nos centraremos en la tradición Soto Zen, siéntete siempre en la libertad de mezclar estilos o de añadir elementos que te hablen personalmente. Tu altar budista en casa es tuyo, y esa es su principal belleza.
Un ancla para la mente: tu altar budista en casa como refugio diario
Nuestra vida cotidiana es, a menudo, un tsunami de responsabilidades, charla inútil, notificaciones y pensamientos que van y vienen sin cesar. Es muy fácil perder el rumbo, olvidar al Buda y nuestra intención de vivir con más calma, presencia y compasión. Aquí es donde tu altar budista en casa se convierte en un ancla.
Piensa en él como un faro en la niebla. No necesitas estar sentado en meditación frente a él para que cumpla su función. El simple hecho de pasar por delante y verlo de reojo mientras vas a la cocina puede ser suficiente. Ese vistazo es un recordatorio sutil, un pequeño toque en el hombro que te dice: «Eh, recuerda. Respira. Vuelve al presente». Es un punto focal que, sin una sola palabra, te hace reconectar con tu propósito más profundo, incluso en los días más ajetreados. Es un ancla que te estabiliza y te recuerda que, sin importar la fuerza de la tormenta exterior, siempre puedes encontrar un refugio de paz en tu interior.
Creando un espacio sagrado y la importancia de tu altar budista en casa
Como he establecido desde hace años en muchas charlas, acostumbro decir que los seres humanos somos criaturas de hábitos y de espacios. Designamos un lugar para comer, otro para dormir, otro para trabajar. Del mismo modo, delimitar un lugar físico dedicado exclusivamente a la práctica espiritual tiene un poder transformador. Al crear un altar budista en casa, no solo estás decorando un rincón; estás trazando una frontera simbólica.
Este espacio se convierte en un lugar «sagrado», no porque una deidad habite en él, sino porque tú le has conferido esa cualidad con tu intención. Es el lugar al que acudes para soltar las máscaras, para estar en silencio, para confrontar tus dificultades y para nutrir tu sabiduría. Separar este espacio del resto de tus actividades diarias ayuda a tu mente a hacer una transición. Así como te pones la pijama para indicarle a tu cuerpo que es hora de descansar, acercarte a tu altar le indica a tu mente que es hora de volver a casa, a tu Ser Universal.
Un espejo, no un ídolo: el verdadero significado del altar
Una de las confusiones más comunes al acercarse al budismo es pensar que un altar es un lugar de adoración a un dios chino o indio, similar a otras tradiciones religiosas. En el Zen, la perspectiva es radicalmente diferente. Tu altar no es para adorar al Buda; es un espejo que te refleja a ti y de la realidad que te rodea.
La figura de Buda en el centro, las flores, la vela, el incienso… cada elemento es un símbolo de las cualidades que ya existen dentro de ti en estado latente. La estatua representa tu propia «naturaleza búdica», tu potencial inherente para despertar. La luz de la vela es el símbolo de tu propia sabiduría, capaz de disipar la oscuridad de la ignorancia. El agua fresca es la pureza de tu mente original. El incienso es el Dharma que todo lo rodea y lo hace bello.
Por lo tanto, cuando te sientas frente a tu altar budista en casa, no estás rezándole a una entidad externa para que te salve o te conceda deseos. Estás, en realidad, mirándote a ti. Estás honrando tu propio potencial y comprometiéndote a cultivarlo. Es un diálogo interno, un acto de profundo autoconocimiento y auto-respeto.
El ritual como atención plena: meditación en acción
Razones para no montar un altar hay muchas. Y en mis años enseñando he escuchado de todo.
“Pero yo no soy una persona de rituales”.
“Vengo huyendo de las ceremonias y rituales sin sentido, los altares son inútiles”.
“¿Cómo voy a hacer reverencia a una figura china? Meditar y ver videos es suficiente”.
En el Zen, el ritual no es un dogma vacío, sino una oportunidad para practicar la atención plena de una forma muy física y concreta. Interactuar con tu altar es meditación en movimiento y unión con la mecánica del universo.
El acto de encender una varita de incienso, prestando atención al sonido del cerillo (fósforo), al olor del humo y al gesto de llevarlo a la frente, es una práctica de presencia. El ritual de ofrecer un cuenco de agua fresca por la mañana, sintiendo la temperatura del cuenco y la claridad del líquido, te ancla en el presente.
Estos gestos sencillos, repetidos día tras día, se convierten en una coreografía de la presencia. Le dan una estructura a tu práctica, especialmente en los días en que la mente está demasiado inquieta para sentarse en silencio. A través de estos rituales, aprendes que Zazen no se limita al cojín, sino que puede impregnar cada acción de tu vida.
Tu primer paso es encontrar el lugar
Ya sea que siempre hayas querido montar un altar o tengas resistencia a hacerlo, quiero invitarte a dar el primer paso, el más simple de todos. No necesitas comprar nada todavía. Simplemente, durante los próximos días, camina por tu casa con una nueva mirada. Busca ese rincón que te llama. Puede ser una pequeña repisa en tu habitación, un espacio en la estantería del salón o incluso el alféizar de una ventana.
Yo vivo en un lugar muy pequeñito y no tengo espacio. Además, soy monje vagabundo y constantemente me tengo que mover. Mi altar budista en casa está en un librero y cuando debo moverme, todo cabe en un compartimento de mi mochila.
Busca un lugar que te transmita una sensación de calma y que pueda ser tuyo. Un lugar donde puedas establecer, poco a poco, el corazón de tu práctica. Siente el espacio, imagínalo, y elige el que resuene contigo. Ese es el verdadero comienzo de la creación de tu altar budista en casa.
En nuestro próximo post, hablaremos del primer elemento: la imagen o estatua de Buda, ese espejo de tu mente despierta.
Artículos de esta serie
El corazón de tu práctica. Altar budista en casa
La Estatua o Imagen de Buda (Rupa)
El Aroma de la Impermanencia – El Incienso (Kou)
La Luz de la Sabiduría – Las Velas (Rousoku)
a Belleza del Momento Presente – Las Flores (O-hana) 6.El Néctar del Dharma – La Ofrenda de Agua o Té (O-mizu / O-cha)
En el capítulo 9 del Sutra de la Plataforma, rechaza una invitación del emperador.
Pero la enseñanza de este capítulo no termina con esta anécdota. A través de un diálogo revelador con un eunuco imperial, Huineng desvela una de las verdades más transformadoras del budismo Chan; la noción de que nuestras propias aflicciones no son obstáculos a superar, sino el camino mismo hacia la iluminación.
Nos desafía a reconsiderar cómo vemos nuestros problemas, nuestro estrés y nuestras frustraciones. ¿Podría ser que aquello que nos causa sufrimiento sea, en realidad, la clave para nuestra liberación?
Pero la enseñanza de este capítulo no termina en la anécdota del emperador. A través de un diálogo revelador con un eunuco imperial, Huineng desvela una de las verdades más transformadoras del budismo Zen; la noción de que nuestras propias aflicciones no son obstáculos a superar, sino el camino mismo hacia la iluminación.
Nos desafía a reconsiderar cómo vemos nuestros problemas, nuestro estrés y nuestras frustraciones. ¿Podría ser que aquello que nos causa sufrimiento sea, en realidad, la clave para nuestra liberación?
Los monjes budistas dependemos de la generosidad de nuestra comunidad para nuestro sustento. No tenemos salario y vivimos con sencillez, por lo que cada donación es muy apreciada.
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Zazenkai significa Meditamos Juntos, y son las reuniones semanales de una sangha Soto Zen. En Grupo Zen Ryokan nos reunimos todos los domingos, para una pequeña ceremonia, practicar Zazen juntos y aprender Budismo Soto Zen.
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El tema del día será: Sutra de la Plataforma: Capítulo 9. Aflicción es iluminación.
Los espero:
Día: Domingo 21 de septiembre de 2025.
Hora: Ciudad de México / Guadalajara 10:00h Caracas / La Paz 12:00h Madrid 18:00h
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Duración: 90 minutos.
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Preparar cojín, silla o zafu.
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Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi