La tradición japonesa de Obon es una de mis favoritas porque me recuerda que debo cultivar gratitud por mis antepasados. Desde niño siempre he conectado muy bien con ella en la segunda semana de agosto. Cuando el calor y la humedad alcanzan su punto máximo en Japón, tiene lugar una de las celebraciones más sentidas y hermosas del país: el Obon.
Más que un festival, Obon o Bon, es un período sagrado de reencuentro, gratitud y recuerdo. Es un momento en que, según la creencia popular, las almas de los ancestros regresan a sus hogares para visitar a sus familiares. Sí, muy similar al Día de Muertos de México.
Aunque las raíces de esta festividad están profundamente ancladas en el budismo y en la cultura japonesa, la esencia de Obon (honrar a quienes nos precedieron) aplica para todos y nos ofrece una oportunidad para la conexión y consciencia plena, sin importar nuestro origen.
Esta celebración nos recuerda que de vez en cuando hay que hacer una pausa y reconocer que no somos seres aislados, sino el resultado de incontables seres y esfuerzos que vivieron, amaron, sufrieron y soñaron antes que nosotros. En el Zen, esta gratitud se extiende no solo a nuestro linaje de sangre, sino también a nuestro linaje espiritual: a todos los maestros y maestras que han mantenido viva la llama de la enseñanza hasta hoy.
El origen de Obon, una historia de amor filial y compasión budista
Toda gran tradición tiene una historia que le da sustento, y la de Obon es particularmente conmovedora. Su origen se encuentra en el Ullambana Sutra, y narra la historia de Mokuren (conocido en sánscrito como Maudgalyayana. Sí, el de la Rueda de la Vida), uno de los diez principales discípulos de Shakyamuni Buda. Mokuren era conocido por sus extraordinarias habilidades psíquicas, que había desarrollado a través de una profunda meditación.
Usando sus poderes, decidió buscar a sus padres fallecidos para saber en qué estado se encontraban. Encontró a su padre disfrutando de una existencia celestial, pero su corazón se encogió al descubrir a su madre en el Gaki-do, el Reino de los Espíritus Hambrientos. Allí, sufría una sed y un hambre insaciables como resultado de la codicia y el egoísmo que había mostrado en vida. Lleno de dolor, Mokuren intentó llevarle un cuenco de arroz, pero en cuanto la comida tocó los labios de su madre, se convirtió en cenizas ardientes, aumentando su tormento.
Desesperado, Mokuren acudió al Buda y le preguntó cómo podía liberar a su madre de ese terrible sufrimiento. El Buda, con su infinita sabiduría, le dio una instrucción precisa: en el decimoquinto día del séptimo mes lunar, al finalizar Ango, el retiro de verano de la Sangha, debía hacer ofrendas de comida y ropa a los monjes en nombre de sus ancestros presentes y pasados.
Mokuren siguió la instrucción al pie de la letra. Gracias al mérito generado por su acto de generosidad desinteresada hacia la comunidad, su madre fue liberada inmediatamente de su sufrimiento. Lleno de una alegría inmensa al ver a su madre liberada y feliz, Mokuren comenzó a bailar. Se dice que esta danza espontánea de alegría es el origen del Bon Odori, el baile folclórico que es una parte central de las festividades de Obon hoy en día.
Esta historia no es solo un relato antiguo; es una enseñanza sobre la interdependencia, el poder de la generosidad (Dana) y la compasión que se extiende a todos los seres.
¿Cómo se celebra Obon en Japón?
Obon es una de las festividades más importantes de Japón, un tiempo para que las familias se reúnan y honren juntas a sus antepasados. Aunque las fechas exactas y las costumbres varían según la región, la celebración generalmente tiene lugar a mediados de agosto. Es una tradición japonesa llena de rituales simbólicos y de una atmósfera que mezcla la solemnidad con la alegría.
El primer día, las familias realizan el mukaebi, o «fuego de bienvenida». Encienden pequeñas hogueras o farolillos de papel (chouchin) frente a sus casas para guiar a los espíritus de los ancestros de vuelta al hogar. Dentro de las casas, los altares budistas familiares, se limpian y se decoran con ofrendas especiales conocidas como shouryoudana, que incluyen flores, incienso y la comida favorita de los difuntos. A menudo se colocan figuras de un pepino y una berenjena con palillos como patas, simbolizando un caballo y una vaca para que los espíritus puedan viajar rápido a casa y regresar lentamente a su mundo.
Durante los días de Obon, es común visitar y limpiar las tumbas familiares (ohaka mairi), un acto de respeto y cuidado. El ambiente se vuelve festivo por las noches con los Bon Odori. En parques, templos y espacios públicos, la gente se reúne para bailar en círculo alrededor de una torre de madera llamada yagura. La música es alegre y los pasos de baile suelen ser sencillos para que todos, jóvenes y mayores, puedan participar. Esta danza no es un espectáculo, sino una expresión comunitaria de alegría y recuerdo.
Para concluir el festival, se realiza el okuribi, o «fuego de despedida», para guiar a los espíritus de vuelta al más allá. Uno de los rituales de despedida más bellos es el tourou nagashi, donde se colocan farolillos de papel con velas en ríos o en el mar, creando un espectáculo visualmente impresionante y profundamente emotivo mientras las luces se alejan lentamente en la oscuridad, llevando consigo las oraciones y el amor de los vivos.
Tradición japonesa del Zen: Gratitud a nuestro linaje espiritual
Para nosotros en el Budismo Zen, el concepto de «ancestro» se expande más allá de los lazos de sangre. Es cierto que honramos y agradecemos a nuestros padres, abuelos y a todas las generaciones de nuestra familia que nos dieron la vida, también reconocemos a nuestros ancestros espirituales. Este linaje comienza con Shakyamuni Buda, y fluye como un río ininterrumpido a través de los siglos, pasando por grandes maestros como Bodhidharma, quien llevó el Zen de la India a China, y Dogen Zenji y Keizan Zenji, quienes fundaron la escuela Soto Zen en Japón.
Nuestra capacidad para sentarnos hoy en un zafu, practicar zazen y escuchar las enseñanzas del Dharma es el resultado directo del esfuerzo, la dedicación y el sacrificio de esta larga cadena de patriarcas y matriarcas. Cada uno de ellos practicó diligentemente, despertó a la verdad y se comprometió a transmitirla intacta a la siguiente generación. Olvidar esto es como intentar admirar una flor ignorando el tallo, las hojas y las raíces que la nutren.
Por lo tanto, para Grupo Zen Ryokan, celebrar Obon es un acto de gratitud hacia esta doble herencia. Agradecemos a nuestros padres por darnos este cuerpo y esta vida, y agradecemos a nuestros maestros ancestrales por darnos las herramientas para despertar nuestra mente y corazón. Esta tradición japonesa nos recuerda que no estamos en una secta improvisada, sino un tesoro espiritual milenario que hemos recibido y que tenemos la responsabilidad de cuidar y, a nuestra vez, transmitir.
El reconocimiento como vínculo
En un mundo que a menudo promueve el individualismo extremo, recordar a nuestros ancestros tiene un profundo efecto sanador. No se trata de un culto a los fantasmas o de quedar atrapado en el pasado. Es un acto de reconocimiento que disuelve la ilusión de que somos seres separados y autosuficientes. Al volver la mente hacia nuestros antepasados, nos damos cuenta de que somos la punta de lanza de un linaje inmenso, la manifestación presente de un torrente de vida que se remonta a tiempos inmemoriales.
Este reconocimiento fomenta la humildad. Nos ayuda a ver que nuestros logros, nuestras fortalezas e incluso nuestra existencia misma no son únicamente obra nuestra. Nos conecta con algo mucho más grande que nuestro pequeño «yo», generando un sentimiento de pertenencia y arraigo. Cuando sentimos esta conexión, el peso de la soledad se aligera y es reemplazado por un sentido de responsabilidad compartida y gratitud. Somos un eslabón en una cadena dorada, y nuestra vida tiene el propósito de honrar a los que vinieron antes y de preparar el camino para los que vendrán después.
Shariraimon, el Verso de las Reliquias de Buda
En la práctica diaria de los templos Soto Zen se canta un verso corto pero profundo conocido como Shariraimon, o «Verso de la Reverencia a las Reliquias del Buda». A menudo se recita durante Obon como una expresión de esta gratitud ancestral. El verso dice:
Con todo nuestro corazón, reverenciamos las reliquias del Buda, completas en virtud y mérito, que son en esencia el cuerpo del Dharma eternamente presente.
Este verso toca dos partes importantes de nuestra práctica. Por un lado, es una expresión directa de gratitud hacia Shakyamuni, la fuente de nuestra tradición. Reverenciamos sus «reliquias» (símbolo de su existencia histórica) como un acto de profundo respeto.
Por otro lado, el verso nos señala una verdad más profunda. Nos dice que el «verdadero cuerpo» del Buda no es su forma física, que, como la nuestra, estaba sujeta a la impermanencia. El verdadero cuerpo es el Hosshin o Dharmakaya: el cuerpo de la Verdad, la enseñanza misma. Este cuerpo del Dharma no nace ni muere; es eterno y está siempre presente. ¿Y dónde lo encontramos? En nuestra propia práctica, en nuestra propia vida despierta.
Al cantar este verso, reconocemos que la esencia del Buda y de todos nuestros ancestros no está en una tumba, sino aquí y ahora, manifestada en nuestra propia respiración y en nuestra conciencia sentada.
Celebrando Obon fuera de Japón: sencillez y corazón
No necesitas ser japonés ni tener un altar budista elaborado para celebrar Obon. El espíritu de esta tradición japonesa está en la intención del corazón. Puedes honrar a tus ancestros de maneras muy sencillas y personales.
Una forma es crear un pequeño espacio de recuerdo temporal en tu casa. Puede ser tan simple como una esquina en una estantería. Coloca fotografías de tus padres, abuelos, o cualquier ser querido que haya fallecido (incluyendo amigos, mentores e incluso mascotas). El simple acto de reunirlos en un lugar visible ya es un profundo gesto de recuerdo y gratitud.
Luego, puedes hacer pequeñas ofrendas. No tiene que ser nada complicado. Una flor fresca de tu jardín, un vaso de agua limpia o una varita de incienso está bien. La idea es compartir un momento de tu vida con ellos, reconociendo que su influencia sigue viva en ti. Lo importante no es la ostentación del ritual, sino la sinceridad de tu corazón.
Zazen como ofrenda suprema
En nuestra sangha, Grupo Zen Ryokan, celebramos Obon de la manera más sencilla y discreta, pero a la vez más profunda que conocemos: sentándonos en Zazen. Durante este período, dedicamos nuestra práctica de Shikantaza a nuestros ancestros de sangre y de Dharma.
Solo en silencio y sin rituales elaborados, ofrecemos lo más valioso que tenemos; nuestra presencia plena. Cada respiración consciente, cada momento de quietud, cada instante en que soltamos los pensamientos y volvemos al aquí y ahora, se convierte en una ofrenda. Es un acto de conexión profunda, donde el velo entre el pasado y el presente se vuelve transparente. En esa quietud, podemos sentir la presencia de nuestro linaje no como algo lejano, sino como la misma fuerza vital que anima nuestro cuerpo y nuestra mente. Ofrecer nuestra práctica silenciosa es la forma más pura de gratitud y respeto.
Tu práctica como ofrenda
La tradición japonesa de Obon nos enseña que recordar es un acto de amor. Toma un momento en los próximos días para hacer tu propia celebración personal.
Busca un lugar tranquilo. Cierra los ojos y trae a tu mente y a tu corazón el rostro de tus padres, de tus abuelos, de aquellos que te dieron la vida. Siente gratitud por el simple hecho de tu existencia, que es un regalo de ellos. Luego, como una ofrenda de profundo respeto, gratitud y humildad, siéntate en meditación. No necesitas hacer nada especial. Simplemente siéntate en Zazen.
Ofrece tu quietud, tu silencio y tu presencia. Este es el homenaje más sincero que puedes rendir, una forma de mantener su memoria viva y de honrar el precioso regalo de la vida que fluye a través de ti.
Para esta semana avanzamos con el Sutra de la Plataforma, Capítulo 6, Sobre el Arrepentimiento.
Hemos llegado al final de este capítulo, donde nuestro Sexto Patriarca Huineng nos ha mostrado que el verdadero arrepentimiento va mucho más allá de las palabras vacías de una disculpa. Es una práctica budista perfecta y completa, un camino que incluye aspectos profundos como tomar refugio en los Tres Tesoros, prometer cuidar a todos los seres vivos, y el acto radical de aceptarnos a nosotros mismos como parte de Buda. Esta enseñanza nos muestra que la transformación no es un ritual externo, sino una revolución interior.
El capítulo concluye con un verso extraordinario que Huineng llama la «Estrofa Sin Forma». Esta estrofa no es solo un poema, sino una guía práctica que nos pone en el camino adecuado para aceptar nuestro pasado sin culpa y para construir un futuro consciente, todo basado en la práctica disciplinada de nuestro presente, aquí y ahora.
En Zazenkai de esta semana explicaré este verso y cerraremos esta enseñanza del Sexto Patriarca.
Como monjes budistas dependemos de la generosidad de nuestra comunidad para nuestro sustento. No tenemos salario y vivimos con sencillez, por lo que cada donación es muy apreciada.
Con tu ayuda, me es posible continuar difundiendo las enseñanzas del Buda y de los Patriarcas del Zen, y compartiendo su mensaje de compasión con el mundo.
Tu donación me ayudarás a seguir ofreciendo clases de Budismo Soto Zen, Zazen y otras actividades que benefician a la comunidad. ¡Gracias por tu amabilidad y generosidad!
Zazenkai significa Meditamos Juntos, y son las reuniones semanales de una sangha Soto Zen. En Grupo Zen Ryokan nos reunimos todos los domingos, para una pequeña ceremonia, practicar Zazen juntos y aprender Budismo Soto Zen.
Si estás fuera de Guadalajara, Jalisco, puedes participar con nosotros vía Zoom en vivo, o ver la transmisión grabada en YouTube.
Si estás en la ciudad, te esperamos en el Árbol del Yoga, siempre y cuando sigas al pie de la letra las medidas de prevención por la contingencia sanitaria. Detalles aquí.
El tema del día será: Sutra de la Plataforma: Capítulo 6, p. 7. La Estrofa Sin Forma.
Los espero:
Día: Domingo 10 de agosto de 2025.
Hora: Ciudad de México / Guadalajara 10:00h Caracas / La Paz 12:00h Madrid 18:00h
Por respeto al Maestro y los asistentes, LLEGAR TEMPRANO. Comenzamos a la hora en punto y se cerrará la reunión de Zoom.
Duración: 90 minutos.
Lugar: Sala de Zoom. El enlace a la sala será publicado 15 minutos antes en el grupo de difusión en WhatsApp. Clic aquí.
Si no te puedes conectar a esa hora, puedes participar en la grabación que quedará en YouTube.
Indicaciones especiales para Zoom:
Descargar nuestro cuaderno de liturgia de https://1drv.ms/w/s!Akxki0vbnRKilJdQA9WC8DyqzTqBaA?e=swI1t4
Llevar ropa cómoda.
Preparar cojín, silla o zafu.
Tener agua disponible.
Elegir un lugar donde se pueda ver la pantalla con claridad y tener espacio para moverse y sentarse en un cojín o silla.
Seguir las instrucciones que daré en el video.
Un poco de incienso siempre es buena idea.
Espero verlos ahí. Cualquier duda o pregunta ya saben que siempre estoy disponible.
La parte final del capítulo VI del Sutra de la Plataforma, del Sextro Patriarca del Zen, Huineng, cierra con un poema maravilloso sobre la vacuidad, la claridad de nuestras intenciones y sobre la redención que nos da la práctica Zen. Se llama la Estrofa Sin Forma.
Cuando en el Mahayana hablamos de la vacuidad, no nos referimos a la no-existencia y tampoco se trata de un vacío nihilista, sino de la naturaleza inherente de todos los fenómenos, que carecen de una existencia intrínseca y permanente.
Esta profunda verdad, que a menudo es malinterpretada, es la clave para la verdadera liberación de nuestro sufrimiento y la capacidad genuina que nos da el Zen para reinventarnos y crecer.
La «Estrofa Sin Forma» nos enseña a mirar más allá de las apariencias y a despertar a nuestra esencia pura. Pero antes una pequeña anécdota de una querida amiga.
¡El tráfico de la ciudad es vacuidad!
Con una vida laboral y personal muy complicadas, Sofía, compañera diseñadora gráfica, buscaba calma y una razón para seguir adelante. Por una casualidad en su vida, un día se encontró con el budismo Zen. Con interés comenzó a estudiar y se animó a practicar Zazen.
Pero como todos los recién llegados al budismo, abrazó la práctica casi de inmediato y se forzó a ser compasiva y generosa, porque eso es lo que hacen los budistas, ¿correcto?
Se volcó en ayuda a los demás pensando que la iluminación estaría más cerca y el nirvana también. Como si el Buda la estuviera calificando desde las nubes.
Un día, atrapada en el tráfico de la ciudad, una pequeña revelación llegó a ella. Por obligarse a ser compasiva y generosa bajo el pretexto de ayudar a los demás, en realidad estaba más estresada que antes de comenzar a practicar Zen. La experiencia de estar atorada entre los autos de la calle, el calor y la incomodidad, la llevaron a ver que toda esa experiencia era mejor si no lo calificaba todo.
Entonces soltó las quejas. Y sintió la vacuidad del tráfico; lo que la llevó a ver la compasión también como algo que necesita mantenerse vacío y sin forma.
Se dio cuenta que sus buenas acciones externas no disipaban la inquietud interna. Recordó una frase de la «Estrofa Sin Forma» de Huineng: «La fuente esencial del pecado descansa en los tres elementos venenosos… en el interior de su propia mente.»
Sofía entendió la vacuidad de sus esfuerzos superficiales sin transformación interna. Comprendió que el verdadero arrepentimiento y la liberación venían de mirar su propia mente, desmantelando ilusiones desde dentro y abrazando la vacuidad de las apariencias.
La sabiduría de Huineng en la Estrofa Sin Forma
Al final capítulo VI, Sobre el Arrepentimiento, está la Estrofa Sin Forma. Como lo mencioné al principio de este artículo, es un poema que nos guía a disipar la ilusión y alcanzar la libertad. El verdadero perdón por nuestras acciones del pasado y la oportunidad para renacer nunca son factores externos; sino que es la comprensión directa de la vacuidad de las aflicciones y la pureza de nuestra mente.
Comentarios sobre la Estrofa Sin Forma y vacuidad
La Estrofa Sin Forma habla sobre cómo comprender la verdadera liberación, mirando más allá de las apariencias y abrazando la Esencia de la Mente, que es otro nombre para la inmensidad y vacuidad pristina que es nuestra mente.
«Las personas bajo la ilusión o el engaño acumulan méritos corruptos, pero no recorren el Camino; Están bajo la impresión de que el acumular méritos y el recorrer el Camino son una misma cosa.»
Huineng advierte que acciones espirituales hechas con el fin de obtener algo a cambio, como la iluminación o la liberación del dolor, son actos poco hábiles. Hacemos cosas buenas no para acumular puntos, sino porque es nuestra misión hacer que la vida siga adelante. Abandonamos cualquier tipo de ganancia personal al actuar con compasión.
«Aunque sus méritos por caridad y ofrendas son infinitos, (No se dan cuenta que) la fuente esencial del pecado descansa en los tres elementos venenosos (por ejemplo, la avaricia, la ira y la ilusión) en el interior de su propia mente.»
No importa la magnitud de las cosas buenas que hagamos, si los Tres Venenos (avaricia, ira, autoengaño) nos controlan, la base es inestable. Estos venenos son la verdadera fuente de sufrimiento y acciones dañinas, atándonos a la insatisfacción de la vida. La vacuidad de los méritos externos se revela cuando la mente sigue dominada por estas aflicciones.
«Ellos esperan expiar sus pecados acumulando méritos, sin saber que las felicidades obtenidas en vidas futuras no tienen nada que ver con la expiación de pecados.»
Huineng critica la idea de «comprar» la salvación o la entrada al nirvana. El arrepentimiento no es una transacción económica. La felicidad futura es kármica, pero no disuelve la ignorancia. La verdadera expiación requiere transformación interna, comprendiendo la vacuidad de la naturaleza inherente del «pecado» como construcción mental.
«¿Por qué no deshacerse del pecado en el interior de nuestra propia mente, ya que esto es el verdadero arrepentimiento, (en nuestra Esencia de la Mente)?»
El verdadero arrepentimiento es introspección, aprendizaje y transformación. Es mirar los Tres Venenos, reconocer su ilusión y liberarse. Este arrepentimiento ocurre en nuestra Esencia de la Mente, nuestra naturaleza búdica pura. Es un acto de despertar, no de penitencia.
«(Un pecador) que de repente comprende lo que constituye el verdadero arrepentimiento según la Escuela Mahayana, Y que cesa de hacer el mal y practica la rectitud, está libre de pecado.»
Comprender la vacuidad de nuestras acciones poco hábiles lleva a un cambio genuino. Al entender que el sufrimiento nace de la mente, uno cesa el mal y practica la rectitud, que fluye espontáneamente de una mente liberada. La libertad del «pecado» es un estado donde las aflicciones pierden poder.
«Un caminante del Camino que vigila constantemente su Esencia de la Mente, puede ser clasificado en el mismo grupo de los varios Budas.»
La práctica Zen es la vigilancia y protección constante de nuestra Esencia de la Mente. Al mantener la atención plena en nuestra verdadera naturaleza, nos alineamos con la mente de los Budas. Esta vigilancia es clave para ver la vacuidad de las ilusiones.
«Nuestros Patriarcas no transmitieron Sistema de Ley (el Dharma) alguno que no fuera este de La Inmediatez (una mente ya iluminada). Que todos sus seguidores vean cara a cara su Esencia de la Mente y estén al instante con los Budas.»
Huineng enfatiza que la iluminación es el reconocimiento de nuestra propia Esencia de la Mente, viéndola «cara a cara» para estar «al instante con los Budas». Esta inmediatez surge de la comprensión de la vacuidad de las construcciones mentales. Si logramos esto, somo tan budas como el mismo Shakya-sama.
«Si vas a buscar el Dharmakaya, búscalo más allá del Dharmalaksana (las cosas materiales), y entonces tu mente será pura.»
El Dharmakaya (Cuerpo de la Verdad) es la última realidad sin forma. No lo busquemos en los «Dharmalaksana» (fenómenos materiales). Al mirar más allá de las apariencias y comprender la vacuidad de los fenómenos, nuestra mente se purifica y percibe el Dharmakaya.
«Esfuérzate a ti mismo para poder ver cara a cara la Esencia de la Mente, pero no te relajes, pues la muerte puede llegar repentinamente y poner un fin abrupto a tu existencia terrenal.»
La práctica de ver nuestra Esencia de la Mente requiere esfuerzo y disciplina constante. Meditar 20 minutos al mes no es suficiente. La conciencia de la impermanencia y la muerte ineludible nos impulsa a practicar con diligencia, sin posponer el despertar a la vacuidad.
«Aquellos que entienden las enseñanzas Mahayana y por lo tanto son capaces de alcanzar la Esencia de la Mente deberían reverentemente juntar las palmas de sus manos (en signo de respeto) y buscar fervientemente el Dharmakaya.»
Para quienes han comprendido las enseñanzas Mahayana y vislumbrado su Esencia de la Mente, el camino es claro. Deben continuar con reverencia y fervor en la búsqueda del Dharmakaya, profundizando en el reconocimiento de lo que ya es.
El Patriarca entonces agregó:
«Instruida Audiencia, todos ustedes deberían recitar esta estrofa y ponerla en práctica. De alcanzar ustedes su Esencia de la Mente después de recitarla, pueden considerar por sí mismos que están siempre en mi presencia, aunque verdaderamente estén a miles de millas de distancia. Pero de ser ustedes incapaces de alcanzarla, entonces, aunque estemos cara a cara, estaremos realmente separados por mil millas de distancia. En ese caso, ¿para qué tomarse el trabajo de venir hasta aquí desde tan lejos? Cuídense mucho. Adiós.»
Y entonces Huineng, en un acto absoluto de heavy metal soltó el micrófono, azotó la guitarra contra el amplificador, y abandonó la sala. La audiencia llegó a la iluminación.
Su conclusión subraya la importancia de la práctica directa. La conexión con el maestro reside en la comprensión y práctica de la Estrofa Sin Forma, no en la proximidad física. La verdadera conexión se da en la comprensión de la vacuidad y la realización de la propia Esencia de la Mente.
La vacuidad en la práctica cotidiana Zen
La Estrofa Sin Forma es una guía práctica para el despertar. La transformación no es por méritos externos, sino por mirar la fuente del sufrimiento. Es decir, los tres venenos en nuestra mente.
Shikantaza Zazen es clave, por supuesto. Al sentarnos, observamos la mente sin juicio, viendo la vacuidad de pensamientos y emociones. Su falta de solidez se revela, y su poder disminuye al no aferrarnos. La «vigilancia constante de nuestra Esencia de la Mente» es la atención plena continua, llevando esa conciencia a cada momento. Esto nos permite reconocer la vacuidad de identidades y la pureza de nuestra naturaleza.
Más allá de los méritos corruptos y abrazando la vacuidad
La Estrofa de la Vacuidad nos desafía a reevaluar «pecado» y «arrepentimiento». No es culpa, sino aflicciones mentales las que impiden ver la realidad. El verdadero arrepentimiento es una profunda comprensión de la vacuidad de estas aflicciones, un cambio de perspectiva y un proceso de aprendizaje espiritual.
Cuando comprendemos la fuente del sufrimiento, la compasión y rectitud surgen naturalmente. La bondad fluye espontáneamente de una mente liberada. Esta es la verdadera libertad del «pecado»: la ausencia de la ignorancia que lo causa. Es un estado donde la vacuidad de las ilusiones se revela, y nuestra naturaleza búdica brilla con claridad.
Vivir la Estrofa Sin Forma
La «Estrofa Sin Forma» es una invitación a la transformación y a la práctica directa. Te animo a:
Recitar este poema por una semana completa.
Todos los días, siéntate en silencio y dedica tiempo a observar pensamientos y emociones sin juicio, vislumbrando su vacuidad.
Identifica los Tres Venenos. Reconoce la avaricia, ira y las formas en las que te mientes en tu vida, para desmantelarlas desde la raíz.
Practica la Inmediatez. Busca la vacuidad en lo que te rodea y en el presente. Mira la vida cara a cara, sin juzgarla.
Actúa con conciencia. Deja que la comprensión de la vacuidad y la pureza de tu mente guíen tus acciones con compasión y rectitud.
Al integrar estas enseñanzas, encontrarás paz y liberación, y serás una fuente de luz para el mundo. Que tu camino esté lleno de claridad y despertar.
Para esta semana avanzamos con el Sutra de la Plataforma, Capítulo 6, Sobre el Arrepentimiento.
Continuando con este capítulo, el Maestro Hineng nos ofrece una perspectiva muy directa y práctica para entender Trikaya, los Tres Cuerpos del Buda. Como siempre, nuestro querido Patriarca se aleja de las elaboradas descripciones para llevarnos al corazón de nuestra propia experiencia.
Para Huineng, los Tres cuerpos del Buda no son entidades externas o divinas que debamos buscar fuera de nosotros. Más bien, hay que reconocer que estos cuerpos son aspectos inherentes de nuestra propia mente pura y despierta. Es una enseñanza que nos ancla en el «aquí y ahora», mostrándonos cómo la verdad última de la budeidad,se manifiesta a través de nuestra propia práctica y existencia.
Como monjes budistas dependemos de la generosidad de nuestra comunidad para nuestro sustento. No tenemos salario y vivimos con sencillez, por lo que cada donación es muy apreciada.
Con tu ayuda, me es posible continuar difundiendo las enseñanzas del Buda y de los Patriarcas del Zen, y compartiendo su mensaje de compasión con el mundo.
Tu donación me ayudarás a seguir ofreciendo clases de Budismo Soto Zen, Zazen y otras actividades que benefician a la comunidad. ¡Gracias por tu amabilidad y generosidad!
Zazenkai significa Meditamos Juntos, y son las reuniones semanales de una sangha Soto Zen. En Grupo Zen Ryokan nos reunimos todos los domingos, para una pequeña ceremonia, practicar Zazen juntos y aprender Budismo Soto Zen.
Si estás fuera de Guadalajara, Jalisco, puedes participar con nosotros vía Zoom en vivo, o ver la transmisión grabada en YouTube.
Si estás en la ciudad, te esperamos en el Árbol del Yoga, siempre y cuando sigas al pie de la letra las medidas de prevención por la contingencia sanitaria. Detalles aquí.
El tema del día será: Sutra de la Plataforma: Capítulo 6, p. 6. Tres Cuerpos del Buda.
Los espero:
Día: Domingo 3 de agosto de 2025.
Hora: Ciudad de México / Guadalajara 10:00h Caracas / La Paz 12:00h Madrid 18:00h
Por respeto al Maestro y los asistentes, LLEGAR TEMPRANO. Comenzamos a la hora en punto y se cerrará la reunión de Zoom.
Duración: 90 minutos.
Lugar: Sala de Zoom. El enlace a la sala será publicado 15 minutos antes en el grupo de difusión en WhatsApp. Clic aquí.
Si no te puedes conectar a esa hora, puedes participar en la grabación que quedará en YouTube.
Indicaciones especiales para Zoom:
Descargar nuestro cuaderno de liturgia de https://1drv.ms/w/s!Akxki0vbnRKilJdQA9WC8DyqzTqBaA?e=swI1t4
Llevar ropa cómoda.
Preparar cojín, silla o zafu.
Tener agua disponible.
Elegir un lugar donde se pueda ver la pantalla con claridad y tener espacio para moverse y sentarse en un cojín o silla.
Seguir las instrucciones que daré en el video.
Un poco de incienso siempre es buena idea.
Espero verlos ahí. Cualquier duda o pregunta ya saben que siempre estoy disponible.
En nuestra práctica Zen, la generosidad o Dana, es una de las virtudes más importantes, la primera de las Seis Perfecciones.
Dar no es solo un acto material; es una herramienta muy poderosa para cultivar la mente. Cada que damos algo con un corazón desprendido, aflojamos las cadenas del apego y el egoísmo, y así vivimos con compasión y alegría.
Al dar, no solo le echamos la mano a la sangha, también cultivamos una mente más amplia y tranquila.
El Gran Maestro Chan Sheng-yen nos enseña que:
“La práctica de la generosidad se trata de cultivar un corazón que se regocija en el beneficio de los demás”.
Si está en sus posibilidades, es momento de hacer sus aportaciones del mes.
Espero que su contribución se vuelva un acto de alegría que nutra su propia práctica y a toda nuestra comunidad, para que el Dharma siga floreciendo.
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Práctica de Dana Paramita: Dana, o generosidad, es una de las perfecciones que cultivamos en el Budismo. Al dar, no solo ayudamos a otros, sino que cultivamos nuestra propia mente desapegada y compasiva.
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Recordemos las palabras de Dogen Zenji: «Practicar la generosidad es el fundamento de la Vía». Al abrir nuestros corazones y manos en Dana, abrimos también las puertas a un mayor entendimiento y compasión.
Agradezco profundamente su continuo apoyo y generosidad. Juntos, mantenemos viva la llama del Dharma.
Que todos los seres se beneficien de nuestra práctica.
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi