Imagen por virtualex https://www.deviantart.com/virtualex
Muchas personas llegan al budismo porque quieren una experiencia espiritual linda. Están ávidos de palabras de sabiduría que transformen su existencia. Y en efecto las encuentran. Pero llega un momento en el que las palabras, los sermones y los libros simplemente no tienen sentido alguno. Por más que se estudien citas bonitas del Buda o los Patriarcas, todos nos topamos con el hecho de que es muy difícil aplicar todas esas ideas a la vida cotidiana.
Y si la persona se acerca al Budismo Zen, entonces experimenta desilusión porque en esta Vía, no hay manera de experimentar el Dharma sin la práctica de Zazen. Con frecuencia digo que si pasas 2 horas leyendo, entonces debes estar 6 horas en el zafu practicando Shikantaza Zazen.
¿Por qué 6 horas o más en Zazen? Por que la práctica de Shikantaza es la única forma de callar el ego y entrenar la mente, que es base para cualquier escuela budista.
Esa es justo la razón por la que la práctica Zen es vital para estos tiempos. Es posible entrenar la mente con las herramientas que nos deja el Buda. Así nos alejamos del daño que nos causamos todo el tiempo al permitir que los pensamientos, el ego y la avaricia se salgan de control.
Por medio de la meditación inmóvil y silente es posible sacar a la superficie la pureza y la bondad de nuestra espiritualidad. Es posible soltar las conductas con las que causamos daño, para vivir en carne propia la Gratitud, Compasión y Generosidad que nos liberan y nos dan ecuanimidad sin límites.
Si conquistamos la mente, todas las demás victorias, delirios, angustias, avaricia y aversiones, se vuelven irrelevantes porque conocemos la paz verdadera.
No es coincidencia que la mayoría de las imágenes del Buda con las que nos topamos, siempre lo descubrimos sentado en meditación. Esto no es solo para que “se vea bonito”. Es una enseñanza completa.
Siddhartha no se convirtió en el Buda solo por su linda cara ni porque haya sido un ser especial. Era una persona normal como tú y como yo. Pero trabajó por años para domar su mente, sentado en Zazen. Es por su práctica disciplinada e inflexible, que llegó a la Iluminación.
Por estas razones y más, el párrafo 183 del Dhammapada nos dice que …”la purificación de la mente; tal es la enseñanza de los Budas”. Si purificamos la mente con nuestra práctica de meditación, entonces alejarnos del mal se convierte en una posibilidad tangible; para entonces vivir con bondad en pensamiento, palabra y acción.
Pero no me creas a mi, que no soy nadie. Dejo aquí las palabras del Buda, plasmadas en el Adanta Vagga (enseñanza de Lo Indomable):
[31] “Monjes, yo no conozco otra cosa, que cuando está fuera de control, cause tanto daño como la mente. La mente fuera de control causa gran daño.
[32] “Monjes, yo no conozco otra cosa, que cuando está domada, cause tanto bien como la mente. La mente domada causa gran bien.
[33] “Monjes, yo no conozco otra cosa, que cuando no está resguardada, cause tanto daño como la mente. La mente no resguardada causa gran daño.
[34] “Monjes, yo no conozco otra cosa, que cuando está resguardada, cause tanto bien como la mente. La mente resguardada causa gran bien.
[35] “Monjes, yo no conozco otra cosa, que cuando está desprotegida, cause tanto daño como la mente. La mente desprotegida causa gran daño.
[36] “Monjes, yo no conozco otra cosa, que cuando está protegida, cause tanto bien como la mente. La mente protegida causa gran bien.
[37] “Monjes, yo no conozco otra cosa, que cuando no está restringida, cause tanto daño como la mente. La mente no restringida causa gran daño.
[38] “Monjes, yo no conozco otra cosa, que cuando está restringida, cause tanto bien como la mente. La mente restringida causa gran bien.
[39] “Monjes, yo no conozco otra cosa, que cuando no está domada, no resguardada, no protegida y no restringida cause tanto daño como la mente. La mente no domada, no resguardada, no protegida y no restringida causa gran daño.
[40] “Monjes, yo no conozco otra cosa, que cuando está domada, resguardada, protegida y restringida, cause tanto bien como la mente. La mente domada, resguardada, protegida y restringida causa gran bien.”
Aunque el Sendero Puro tiene su origen con el Buda, en realidad trasciende religiones, tiempo y culturas. Es una práctica 100% humanista abierta para todos.
El Buda nos invita a la práctica de Zazen para purificar la mente. Es posible dejar de lastimarte con tus pensamientos y emociones.
Pero si no comienzas hoy, no tendrás forma de comprobarlo.
En occidente los valores cristianos están grabados hasta la médula en el imaginario colectivo. Tenemos muy claros los conceptos de virtud y pecado gracias a los Diez Mandamientos. Sabemos que la virtud nos premia con el cielo y que el pecado nos manda a freír lento en nuestra propia manteca, en las calderas del infierno. Y aunque parecen mensajes contundentes, en realidad estas ideas morales simplemente no funcionan. Si no me crees, sólo lee las noticias del día.
La benevolencia y la maldad no obedecen a cuestiones religiosas. Son más bien el potencial que todos los seres humanos tenemos grabado en nuestro ADN. Muy dentro sabemos que actuar con virtud brinda una buena vida a nosotros y a nuestra manada. Por eso es que la bondad es natural para el universo.
Miles de años antes de que la ciencia para entender el altruismo y la compasión existiera, el Buda comprendió que la no-virtud es muy peligrosa y que no depende de religiones ni filosofías. Lo que en verdad mueve nuestra moral, independiente de cultura o tiempo, es la Ley de Causa y Efecto o Karma-Vipaka.
Es decir, cualquier acto de la mente, habla y acciones que cause daño a uno mismo o a otros seres vivos, es no-virtud o negativo. No hay un ser imaginario que te castigue por tus actos, sino que tú recibes lo que das. Así de simple.
Somos la consecuencia de incontables actos de millones de seres en el pasado. Y al día de hoy estás viviendo las consecuencias de todas tus acciones.
Entonces, si queremos comprender el concepto de “mal”, hay que imaginar meter la mano al fuego. La consecuencia es inmediata; te quemas.
Si olvidas la Ley de Causa y Efecto y actúas con dolo y avaricia; también te quemarás. No en los fuegos del infierno, pero sí en el mar de consecuencias de tus actos.
En los párrafos 131 y 132 del Dhammapada, el Buda nos enseña:
131. Quienquiera que buscando su propia felicidad daña a los que igual que él la buscan, no la obtendrá.
132. Quienquiera que busca su propia felicidad y no daña a los que igual que él la buscan, la hallará.
En la era de la recompensa inmediata y de la cultura del ego, a nadie nos gusta que nos hablen de auto-control y moderación. ¡Queremos más! ¡Mejor, más rápido, más grande, con más basura extra! La búsqueda compulsiva por apaciguar la vanidad y la avaricia nos vuelve personas peligrosas porque no contemplamos que todo lo que hacemos afecta a la vida. De nuevo, si no me crees, mira el desastre ecológico que nos hemos creado.
Las enseñanzas de Shakyamuni son el primer paso para abandonar el mal. Cuando estudiamos el dharma entendemos que Budismo ES auto-control y moderación. Nos entrenamos para que con nuestros actos todos los seres vivos que nos rodean encuentren el final de su sufrimiento.
Nuestra mente se vuelve un remanso de paz cuando comenzamos a vivir con disciplina y humildad.
Comenzando a trabajar desde el interior del ser, el Buda nos impulsa a mejorar al universo.
Querer ser felices es parte importante de nuestra identidad como seres humanos. Es la más noble de todas las búsquedas porque en el camino hacia ella, es donde crecemos y maduramos.
Pero aunque nos esforcemos mucho, la mayoría de nosotros jamás llega a conocer la verdadera felicidad. ¿Será que estamos levantando las rocas equivocadas? ¿Será que la felicidad no es lo que deberíamos estar buscando?
El Budismo es un sistema que nos muestra el camino pero nunca ha prometido la felicidad. Nos ofrece ecuanimidad y satisfacción a cambio de nuestra disciplina y entrenamiento. Nos da un punto estable para vivir esta existencia humana, sin excesos y con auto-regulación.
En esta charla dharma tocamos este tema y un poco más.
En algún momento de la vida, todos hemos odiado nuestro trabajo. Nos quejamos hasta el infinito y no hay nada que nos haga felices. Esta es una condición normal del ser humano cuando el ego se sale de control y solo piensa en el beneficio personal.
¿Pero qué tal si existiera una manera de apreciar el trabajo, más allá de la negación y el rechazo? ¿Sería posible vivir en paz en el trabajo?
El Buda nos dejó la enseñanza de la Forma de Vida Correcta, parte del Noble Sendero Óctuple. Shakyamuni nos recuerda que debemos llevar pan a la mesa de manera honesta y ética; pero también que sí podemos vivir con gratitud y paz con lo que hay.
No dejes huellas. Que no quede rastro alguno de tus acciones o de tus no-acciones, para que no interfieras con las acciones de la Vida. Debemos dejar que la Vida misma se desenvuelva por sí sola.
Abandona toda búsqueda, todo control y todo juego. Sólo siéntate en Zazen y permite que el Buda se manifieste y haga el resto. En Zazen se generan ondas que nunca deben ser para uno mismo. Nuestra práctica Zen no es para nosotros tampoco. Piensa que Zazen es el anti-selfie. Retratamos la realidad, la vida como es, sin nosotros salir en la imagen. Es más, ni siquiera debemos estar ahí para presenciar nuestro despertar.
Porque cuando te sumerges en el silencio del Zazen… no hay más YO por despertar. Nuestra práctica hace posible participar en un universo que siempre ha estado despierto. Siempre despiertos a lo largo del camino, abrazando todas las condiciones de la vida. Sin oponernos. Sin resistencia.
Si nuestra vida es así, entonces siempre estamos disponibles y abiertos para todas las posibilidades que ofrece la existencia. Un practicante de Zen jamás está solo. Nunca estamos acorralados y jamás nos quedamos sin opciones.
Al fundirnos con el zafu, dejamos de interferir con el orden natural de las cosas y entendemos que en verdad nunca hemos controlado nada.
La Verdad de la Vida es la práctica más pura. Es hermosa, silenciosa y espontánea. No la podemos manufacturar, sólo contemplar.
La práctica Zen es el anti-selfie. Todos salimos en la foto… pero no hay nada qué retratar cuando la realidad misma es la foto más perfecta e inconmensurable.
Y todo comienza cuando guardas silencio, un segundo a la vez. Un paso a la vez.
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Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi