Reto 4: Elimina el YO por un día

 

El ser humano está lleno de regalos y milagros que ha decidido ignorar porque siente que el universo le debe algo. Está seguro de que se merece todo lo que tiene tan sólo por haber nacido. Por supuesto es un error que no discutiré en este post, pero sí me centraré en uno de los regalos más maravillosos al que nunca ponemos la atención debida: el lenguaje.

Por el simple hecho de haber nacido en esta especie, tenemos el hardware adecuado para que nos podamos comunicar. Aprendemos el lenguaje y códigos de nuestros padres y comenzamos a relacionarnos con el universo a través de la palabra. Hablamos, leemos, escribimos y vamos construyendo la personalidad de acuerdo a cómo entendemos nuestro idioma. Incluso hay personas que reciben doble o triple regalo porque tienen acceso a hablar más idiomas.

Nuestra relación íntima con la lengua es la que forma nexos con quienes nos rodean, pero también forma nuestra personalidad.

El uso de la palabra YO en las lenguas romances es muy pesado, a diferencia de varias lenguas asiáticas (japonés, cantonés, malayo, tailandés) en donde hay más relevancia a conceptos como NOSOTROS, TODOS y TODO. O simplemente el YO se usa de forma circunstancial y no como sujeto de todas las frases.

El español está lleno de YO por todos lados. ¿Has puesto atención a cómo te relacionas con el universo? ¿Te has escuchado hablar?

Todo el tiempo usamos la palabra YO en todas sus variantes: mi, me, mío. También conjugamos los verbos en relación a cómo afectan nuestra vida: como, hice, haré, amo, odio.

Nada de malo en usar YO como parte de nuestra lengua, claro. Lo necesitamos para expresarnos. Pero cuando toda nuestra cultura está centrada en YO y olvidamos TODO y NOSOTROS, es cuando estamos en problemas.

Cultivar el ego como lo hemos hecho produce prácticamente todos nuestros problemas. Si existe un concepto de YO, entonces surge el concepto de ELLOS, ESO, AQUEL. Es grave porque genera una mente divisoria que se centra en las diferencias entre YO y NO-YO.

Así, lo que está fuera de mi no me concierne. Lo que no soy yo, puedo ignorarlo. Lo que no me pertenece, lo puedo odiar. Lo que es diferente a mi, lo puedo usar y lo puedo odiar.

Te propongo este ejercicio. En un papel escribe 3 cosas que hiciste hoy en la mañana.

Tu lista quedaría muy parecida a la mía:

  1. Me desperté
  2. Bebí agua
  3. Preparé café

Ahora escribe la misma lista sin usar YO. Sí, sé que es difícil, pero esfuérzate un poco. Podría quedar algo como esto:

  1. Despertó
  2. Bebió agua
  3. Preparó café

Sí, sé que parece extraño, pero este ejercicio te dará idea de lo mucho que está gravado el YO en nuestra relación con el universo.

S.S. Dalai Lama dijo en un discurso que «el culto al ego genera confusión e ignorancia porque promueve el apego a nosotros mismos». Y tiene toda la razón. Entre más nos centramos en nosotros mismos, perdemos la perspectiva de que existen otros seres vivos a quienes les debemos nuestro lugar en el espacio. Peor aún, dejamos de cuidarlos y de atender sus necesidades por seguir mirándonos al espejo.

 

En el mismo discurso, S.S. menciona un estudio hecho en Nueva York donde se descubrió que las personas que basan su habla en términos auto-referenciales son más propensos a tener problemas de salud y muerte temprana. No es de sorprender puesto que al estar centrados en ellos mismos, sufrían más por sus propios apegos y aversiones; lo cual genera tensión y depresión.

Entonces el Reto número 4 del Chocobuda es:

Elimina el YO de tu habla por 1 día

¿Cómo? Poniendo atención a tus pensamientos y a tus palabras. Aquí una lista de ejemplos y su cambio por una frase no auto-referencial:

Tengo hambre > Hay hambre

Estoy muy ocupado > Hay cosas que hacer

Te amo > Existe el amor

Me duele > Hay dolor

Tengo frío > Hace frío

Cuando ponemos la palabra YO en las situaciones de la vida, estamos asumiendo que somos los dueños de las cosas y del universo. No eres dueño del frío y no eres el único con frío en el universo. No tienes patente sobre el hambre humana, el hambre aplica y es una necesidad de todos los seres vivos.

¿Qué se logra con este ejercicio?

  1. Poner atención al presente porque estarás atento a tu mente y habla (eso es un WIN por sí mismo)
  2. Ver lo ególatras que somos
  3. Entender que lo que nos afecta a nosotros también afecta a los demás
  4. Por ende, se comienza a construir empatía con los seres vivos
  5. Al no centrarte en ti, los apegos se vuelven pasajeros y se minimizan
  6. La tristeza y la soledad se van porque dejas de enfocarte en tu propio trasero

Inténtalo por 1 día. Te aseguro que aprenderás mucho de ti.

Y su puedes, repite el reto muchas veces y notarás beneficios maravillosos.

Por supuesto, te invito a compartir tu experiencia en los comentarios.

 

 

El sabor de la libertad

El concepto de libertad no debería existir. Es antinatural que siquiera tengamos que usar esa palabra y que le hayamos puesto tanto valor. La simple idea de libertad es una condición que surge para contrarrestar el concepto de cautiverio y esclavitud.

Pensar en libertad es una ilusión que nadie entiende, pero que vende muy bien lo que sea.

Eres libre. Muy libre. Jamás habías sido tan libre y feliz. Por eso necesitas un teléfono móvil. Escoge entre estos 35 modelos.

Nos encanta creernos el cuento de que somos libres. Es una narración que surge una y otra vez en nuestra mente, en nuestras tradiciones y en lo que enseñamos a los niños.

Luchamos por la libertad cuando nos sentimos amenazados, cuando no nos podemos salir con la nuestra, cuando no ganamos o cuando alguien está en conflicto con nuestros intereses. Pero al mismo tiempo ponemos cadenas a las personas que queremos, a nuestro trabajo y a nosotros mismos.

Somos los primeros en violar la ilusión de libertad. Ya sea moda, tecnología, relaciones personales, sustancias tóxicas, partidos políticos, nacionalidades, lo que sea que escojamos; nos ponemos unas cadenas enormes en el cuello que nos evitan ser libres.

Nos hacemos esclavos de nuestras opiniones, de nuestros deseos y de lo que queremos alejar. No permitimos la diversidad y odiamos al que es diferente. ¡Esa es la peor clase de esclavitud! Además de que nos hace infinitamente amargados e infelices, para perder toda capacidad de tolerancia y paz.

En la naturaleza no existe un concepto alguno como libertad. No hay ser vivo que tenga en cautiverio a otro o que lo aterrorice psicológicamente. Existen ciclos, por supuesto, pero no contienen maldad alguna. El tigre mata porque lo necesita, así como la vaca destruye el pasto porque necesita mantenerse viva también.

Pero nosotros vamos mucho más lejos porque queremos que el universo funcione para nuestros propósitos. Esclavizamos, destruimos, manipulamos. Juzgamos y ejecutamos al culpable de no ser como nosotros.

¿Cómo es eso libertad?

En los primeros dos versos del Dhammapada, el Buda nos dice:

Los estados mentales están precedidos por la mente, liderados
por la mente, creados por la mente. Si uno habla o actúa con
mente impura, de aquí el sufrimiento lo sigue a uno como la
rueda sigue la pata del buey que tira el carro.

Los estados mentales están precedidos por la mente, liderados
por la mente, creados por la mente. Si uno habla o actúa con
mente pura, de aquí la felicidad lo sigue a uno como la sombra
que no se aparta.

La libertad es un concepto humano que inventamos para contrarrestar el peso de nuestras propias ataduras. Jalamos una carreta persiguiendo la zanahoria de la libertad, haciéndonos esclavos durante todo el camino.

Cuando la mente está libre de deseo, de hambre de poder y deja de odiar; entonces las ideas de libertad, esclavitud, fronteras, fantasías de seguridad y cautiverio se esfuman hacia el cosmos.

Con la mente limpia se terminan las divisiones y las diferencias. Desaparece la ilusión del Yo para dar paso al sagrado y perfecto Todo.

El verdadero sabor de la libertad llega cuando dejas de buscarla y cuando dejas de ponerte rocas en la espalda.

El verdadero sabor de la libertad llega.

El verdadero sabor de la.

El verdadero.

Verdadero.

.

.

.

— silencio —

La hiedra en nuestra vida [Choza de césped 4]

Continúo con mi estudio del poema zen Soanka o La ermita con techo de césped. La tercera línea dice:

Cuando terminé la choza, nuevas hiedras aparecieron.

Aquí Master Shitou nos cuenta que luego de mucho trabajo pudo terminar de construir su hogar. Pero justo al final se percata de que en el pasto han salido hiedras.

En la jardinería las hiedras son parásitos que no sólo hacen feo el jardín, sino que enferman a las plantas que ahí habitan. Les roban vida. No importa cuánto nos esforcemos en quitar la hiedra, al poco tiempo vuelve a salir.

Conozco muchas personas que se frustran, hacen berrinche y se enojan sobre manera por las hiedras y las plagas. Toman todas las medidas precautorias, investigan, se esfuerzan, trabajan horas en el jardín; todo para que a los pocos días llegue un batallón de pulgones a devorarlo todo. Y cuando los pulgones se van, regresa la hiedra.

Siempre regresa, así como la infelicidad y la frustración.

La casa del poeta ha sido terminada, pero está invadida por la hiedra. Quizá había quedado hermosa, pero la hiedra pone en riesgo todo, además de que mata la belleza de la vivienda.

Nuestra vida y todo lo que hacemos es la Casa de Césped. La construimos con mucho esfuerzo, la moldeamos hasta que quede justo como la queremos y luego descansamos un momento. Cuando volteamos la cara hay algo que lo destruye todo.

¿Cuántas veces no nos ha pasado? Luego de horas de estudio, reprobamos el examen. Planeamos el viaje ideal y se descompone el auto en media carretera. Cuando somos más felices con la pareja, pasa algo que envenena la relación. Cuando más hermosos nos sentimos, nos damos cuenta que estamos envejeciendo. Cuando estamos disfrutando más al abuelo, ¡se le ocurre morir!

La vida está llena de hiedras, pero somos tan pretenciosos y egocéntricos que decidimos ocultar las cosas feas bajo la alfombra. Nos centramos tanto en lo que nos conviene, que ignoramos el hecho de que la vida es dinámica y cambiará nos guste o no.

Y justo porque estamos tan enamorados de nuestro ego, rechazamos la Impermanencia de las Cosas. La odiamos. No queremos pasar por ninguna especia de cambio que modifique el estado actual. ¡Lo queremos todo porque somos los reyes del universo!

Pero no lo somos. El universo no está para cumplir nuestros caprichos. Somos nosotros los que debemos aportar al universo. Eso es toda una lección de humildad que pocos están dispuestos a reconocer.

Quizá Master Shitou se sintió enojado y lleno de frustración al ver que su hogar había sido invadido por las plantas parásitos.

Pero entonces nos regala la cuarta línea del poema:

Ahora sigue en pie, cubierta por la hiedra.

Imagino que el maestro debió haber pasado un mal rato. Pero luego decide ver la realidad para reconocer que a pesar de la hiedra, la choza no se ha derrumbado.

Esto me hace recordar una sabia frase: los problemas se resuelven contigo o sin ti. ¿Entonces para qué sufres?

Cuando aceptamos la vida como es, cuando sabemos que todo está en movimiento y que nada dura para siempre; es mucho más fácil aceptar el cambio.

La enseñanza de la Aceptación tiene muchos críticos en el mundo capitalista porque piensan que el budismo es conformismo y mediocridad. ¡Nada más lejos de la verdad que eso!

No es que debamos dejar de tomar las riendas de nuestra vida. No se trata de dejarnos vencer para esperar la muerte. No, para nada. Se trata de adaptarse al cambio sin oponer resistencia, sin juicios y caminar un paso a la vez. Con integridad y sabiduría porque sabemos que nada viene sin esfuerzo.

Quizá es molesto tener que quitar la hiedra una y otra vez, pero el jardín siempre estará ahí majestuoso y mucho más grande que cualquier cantidad de hiedra que pueda nacer.

Porque la hiedra es parte del jardín y siempre será así.

La muerte es parte de la vida. No existe libertad sin entender que también hay opresión y esclavitud en el otro extremo. La felicidad no la podríamos entender sin la amargura y la tristeza.

El universo está en equilibrio todo el tiempo. Pero somos tan ciegos y tontos que queremos que siempre nos beneficie invariablemente.

La choza de césped tiene hiedras. Pero Shitou sabe que son parte de la choza.

Y la choza permanece.

 

El verdadero valor de las cosas

Advertencia: Este post es un poco denso en filosofía budista. Si necesitas saber más sobre el vacío, investiga el término Sunyata. También podrías leer los libros La Esencia del Sutra del Corazón, por el Dalai Lama; y Meditation on Emptiness, de Jeffrey Hopkins

Un compromiso de por vida para cualquier monje budista es tratar de desenmarañar el significado del Vacío o Vacuidad (Sunyata en sánscrito). Es un concepto muy abstracto que todos sabemos que está gracias a que todos usamos el número cero desde niños, pero entender lo que significa el Vacío es algo mucho más complejo. Sería tonto e ingenuo si yo dijera que lo entiendo o siquiera que me acerco a entenderlo.

Con esta pequeña mente de simio puedo notar destellos en la superficie, como por ejemplo el verdadero valor de las cosas.

En el budismo todo en el universo carece de valor intrínseco, a pesar de que todo es interdependiente. Existen los objetos y los seres vivos, pero cada uno es lo que es y no significa nada que no sea parte de la naturaleza misma. Es la mente humana, al establecer una relación con los objetos, cuando éstos adquieren valor.

Por ejemplo, una pepita de oro es sólo un trozo de Planeta Tierra igual a los millones y millones de trozos de planetas en el espacio. No tiene significado alguno para nada en el universo. No es nada en especial.

El oro está vacío.

Pero el ser humano le asignó valor, lo cual generó apegos y avaricia por el metal. De pronto el oro es un pedazo de planeta por que se mueve la cultura humana.

Lo mismo sucede con todas las cosas y situaciones que nos rodean. Todo es Vacío hasta que establecemos una relación y comenzamos a asignar valores y significados.

¿Difícil de entender? Lo es, pero es el tipo de conceptos que quedan claros luego de años de estudio y zazen. Es liberador porque podemos darnos cuenta cómo nacen los apegos, los deseos y las aversiones; para poder detenerlos o dejarlos pasar.

No, no es que meditar nos vuelva inhumanos o emos. El zazen nos da herramientas para no vivir en los extremos de la depresión o la pasión. No en vano el budismo también se llama El Camino Medio, porque decidimos vivir justo en la mitad de las emociones. Eso es ecuanimidad y felicidad.

Decidí escribir al respecto porque el fin de semana se estrenó el teaser de la próxima película de Star Wars. Si has leído este blog sabrás que Star Wars me gusta mucho y por años fui un fan extremo de esta franquicia de ciencia ficción. Forma parte importante de quién soy al grado de estudiar artes marciales, budismo y zen porque yo quería ser un Jedi como los héroes de la saga.

Entonces sería natural pensar que un avance del siguiente filme me produciría mucha emoción. No lo hizo.

Al terminar de verlo ni siquiera estaba sonriendo, cuando por todos lados la gente estaba eufórica.

Y fue muy curioso porque tuve el privilegio de observar la asignación de valores funcionando en pleno. Al mismo tiempo me sorprendí y me preocupé por mi reacción. ¡De verdad quería emocionarme como los demás!

Pero no pude y fue perturbador las primeras horas. Incluso llegué a pensar que las precuelas me habían arruinado la experiencia de Star Wars. Tampoco era eso.

En realidad lo único que vi fue una película más en un océano de películas, así como un reloj de lujo es un reloj más en el universo de relojes.

Y no es que no me guste Star Wars. Me gusta mucho, le tengo cariño y agradecimiento. Por años le asigné un valor demasiado grande que he dejado ir para verlo por lo que es.

Ahora mi relación con las películas de Lucas es muy sencilla. ¿Veré las nuevas películas? Quizá.

Star Wars, lujos, animales, bacterias, música, rocas, estrellas, construcciones magníficas, la Fuerza… todo está vacío o es inexistente hasta que entablamos una relación con ellos.

Lo que es interesante es saber hasta dónde podemos llegar en la asignación de valores.

¿Qué es lo que más valor tiene en tu vida? ¿Puedes verlo dejando de lado el valor y el apego por un momento?