Invitación a Mínima 3.0, el taller de minimalismo y meditación

Invitación a Mínima 3.0, el taller de minimalismo y meditación

Hoy es el mejor día para practicar el desapego y liberarnos de lo que nos ata.

La tensión del trabajo, la acumulación de objetos inútiles y la presión por consumir, son rocas enormes en nuestra espalda. Las llevamos a cuestas por la vida y están tan dentro de nuestra cultura, que no nos damos cuenta de ello… excepto cuando comienzan a afectar nuestra salud, tranquilidad y relaciones personales.

En estos tiempos de crisis económica, saturación y estrés, donde cada moneda y cada centímetro cuadrado cuentan, es urgente aprender el desapego de lo material para mejorar nuestro estilo de vida.

Para lograrlo necesitamos entender los problemas en los que la sociedad de consumo nos ha metido; pero también necesitamos saber que practicar el minimalismo es la pieza clave que nos llevará a tener más espacio y mucha tranquilidad.

Chocobuda presenta: Mínima, Taller de Minimalismo y Meditación, donde aprenderemos métodos 100% prácticos para comprender y aplicar el minimalismo y la meditación a tu vida cotidiana.

Esta versión 3.0 de Mínima tiene información corregida y con nuevo contenido en video.

Aprenderás a mejorar tu economía y a promover tranquilidad para ti y tu familia.

Utilizando las herramientas de comunicación que nos da Internet, este taller se imparte por medio de podcasts, archivos de texto y charlas personales por Skype.

Es un taller es impartido por un monje Zen, pero no te preocupes. ¡No tienes que ser budista para liberarte de lo que te ata!

Más información aquí.

 

Necesitar poco es nuestra verdadera naturaleza

Necesitar poco es nuestra verdadera naturaleza

Aunque no existía la ciencia de la que gozamos hoy, el Buda tenía mucha idea de cómo funciona la verdadera naturaleza humana. Shakyamuni no era científico graduado de ninguna universidad de renombre, pero tenía claro que los pensamientos y la relación que establecemos con ellos son la raíz de nuestro sufrimiento. El apego, el deseo y la aversión son parte de nuestra naturaleza, y al comprender cómo funcionan es posible regresar a un estado de sencillez en el que no se necesita mucho para vivir bien.

Es decir, en la práctica Zen sabemos que la Renuncia es parte de importantísima de nuestra espiritualidad.

Desde hace algún tiempo la psicología evolucionista(PE), que estudia los cambios en nuestro comportamiento derivados por la evolución y la selección natural, ha estado comprobando muchas de las ideas budistas. Ahora sabemos que lo que percibimos como realidad es solo una ilusión.

No importa cuánto nos esforcemos en pensar que somos los «reyes de la creación», al final somos un animal más en el mundo. No somos diferentes de cualquier otro mamífero. Nuestras reacciones, pensamientos y emociones están ahí como resultado de millones de años de cambios graduales. Están grabados en nuestro ADN y rigen nuestra conducta actual, a pesar de estar en el punto más alto de la tecnología y el desarrollo.

Parte del objeto de estudio de la PE es analizar cómo funcionan las culturas cazadoras-recolectoras que aún habitan el planeta, porque son lo más parecido que tenemos a los primeros seres humanos que vivían en África hace 200,000 años.

Son pueblos que viven en lo más profundo de las selvas o planicies y que no se han incorporado a la civilización de consumo. Subsisten con sus valores, creencias y costumbres. No tienen necesidad de integrarse al mundo moderno porque su ecosistema les da todo lo que necesitan.

Hay muchos datos curiosos sobre estas culturas. Por ejemplo, no tienen comida industrial, por ende no existe la obesidad ni enfermedades como el cáncer o la diabetes. Tampoco conocen la demencia, el autismo o el síndrome de déficit de atención. No requieren vacunas. No tienen trabajos de oficina, autos o centros comerciales; así que no tienen estrés ni enfermedades de los nervios. No están conectados por telecomunicaciones, entonces su contacto es cara a cara. El concepto de machismo o feminismo no existe, sólo hay equidad y trabajo en equipo.

Sale el sol y despiertan para ir a conseguir el alimento del día. Dedican mucho tiempo a la espiritualidad y al desarrollo de costumbres y rituales de grupo.

Viven en perfecta comunión con la Tierra.

Cada uno de los factores mencionados es digno de estudio. Pero es importante resaltar el hecho de que sólo tienen lo que necesitan.

Los aborígenes australianos o los Yanomami en América del Sur no atesoran libros, música ni adornos. No sienten apego hacia lo material porque ni siquiera tienen dónde almacenar la cantidad de basura que nosotros acumulamos.

No tienen una casa enorme que limpiar. No tienen mil tanques de gasolina qué llenar para su nuevo Mazda. Tampoco piensan en pagar el seguro o la tarjeta de crédito. No se preocupan por el guardarropa. No compran apps. No acumulan riqueza porque entienden que ésta es sólo una ilusión y que no es necesaria para la vida.

Estas sociedades tienen exclusivamente lo que pueden cargar en sus manos o en alguna bolsa hecha a por ellos mismos.

Y según estudios como este de la Universidad Vrije (Bruselas), sabemos que los cazadores-recolectores actuales son personas felices. Es más, los que se han tratado de integrar a las grandes ciudades terminan enfermos de los nervios o con diabetes.

Por supuesto yo jamás propondría un retroceso de la civilización, no. Tampoco diría que vivir como cavernícola es lo mejor.

La humanidad ha tocado niveles sorprendentes de progreso y si podemos lograr que la ciencia y la cultura sean libres para todos, llegaremos mucho más lejos de lo que imaginamos.

Así que retomar la vida primitiva  es impensable.

Pero sí debemos encontrar un equilibrio entre lo que poseemos y lo que somos por dentro. Necesitamos tomar el control sobre el consumismo desmedido y mirar hacia adentro de nosotros.

Necesitamos menos autos y más meditación… y si es zazen, ¡mejor! Necesitamos menos colecciones de basura y más generosidad. Para ser felices debemos liberarnos del yugo de los apegos, para poder ayudar a los demás a salir adelante.

En tiempos en los que se vive la individualidad en pantallas de 6″, mirar hacia las sociedades cazadoras-recolectoras nos puede ayudar a tomar el control del caos interno.

El minimalismo es natural al ser humano. Es parte de nuestra identidad como especie.

Entonces, ¿porqué nos esforzamos en negar el minimalismo?

Muy pronto regresará Mínima, el taller de minimalismo de Chocobuda 🙂

 

La raíz del verdadero minimalismo

La raíz del verdadero minimalismo

El minimalismo es un tema que ha estado flotando en los blogs y podcasts en español por los últimos 15 años. Me parece muy curioso que se comporta como las olas del mar: se forma lentamente, se acerca a la orilla, rompe y se desvanece… para formarse de nuevo.

El minimalismo regresó con fuerza gracias a que Netflix cuenta con la serie de Marie Kondo y un par de documentales sobre ello. Algunos autores impulsan a la gente a deshacerse de las cosas que no se necesitan, otros a enfocarse en la parte hedonista de vivir con menos y otros nos dan ideas para organizar desde un cajón hasta el negocio.

Claro que eso está bien. Vivir con menos nos lleva a la tranquilidad, pero me parece que muchas de estas fuentes se quedan cortas y solo proveen una versión descafeinada del minimalismo real. El proceso ha sido muy similar al movimiento mindfulness, que tiene fuertes raíces budistas, pero lo han diluido tanto que ahora es una práctica vacía y sin sentido.

Aquí en Chocobuda el minimalismo también es un tema recurrente, aunque mi punto de vista ha cambiado mucho en los últimos 7 u 8 años.

En la Práctica Zen el minimalismo no es un proceso forzado que resulte de ver un documental o leer un blog. Es más bien el resultado de practicar activamente el concepto de Renuncia, que nos lleva a revisar nuestros apegos, autoengaños y aversiones, para poder soltarlos poco a poco.

De esta manera, es posible tener mil libros almacenados por su utilidad, pero nos queda claro que la naturaleza de los libros es la Impermanencia. La mente debe estar en calma si el tifón o un incendio acaban con una colección. Tener muchos libros, discos, ropa o películas no es la raíz del problema. Lo es el vacío y la angustia existencial que nos lleva a tapar los huecos con objetos para no soltarlos nunca.

Recientemente estuve en Japón visitando templos y sus maestros. Hablando con ellos me di cuenta de que el término minimalismo ni siquiera existe en su vocabulario, pues la cantidad de objetos que hay en un templo pequeño excede por mucho lo que cualquier casa normal en occidente puede contener. Eso sí, cada objeto está en su lugar y casi siempre fuera de la vista.

También tuve la oportunidad de visitar hogares de familias no budistas. El minimalismo brilla por su ausencia. De hecho, muchas de las cocinas en las que estuve, el nivel de caos y saturación era impresionante. ¿Marie Kondo? Salvo una persona que la recuerda de algún programa de TV de hace unos 10 años, nadie sabe quién es. Nos han vendido una idea romántica y fantasiosa de cómo es la vida en Japón.

Mi punto con todo esto es que el minimalismo como lo entendemos en occidente está dirigido al lugar equivocado. No es la cantidad de cosas, sino el nivel de apegos lo que debemos entender para poder soltar.

Son los Tres Venenos de la Mente (Ignorancia, Avaricia e Ira) los que nos hacen acumular basura.

Por eso la práctica de Zazen es tan necesaria, porque es en la mente donde comienza la verdadera Renuncia. Al soltar los pensamientos y dejarlos pasar, nos será posible dejar pasar apegos, lujuria y deseo.

Fui a entrenar a Japón y he regresado con las manos vacías

Fui a entrenar a Japón y he regresado con las manos vacías

Siempre he dicho que el Budismo Zen es como los Sith en Star Wars: necesitamos caminar de la mano de un maestro para aprender y crecer. Claro que a diferencia de las películas, en el Zen no queremos retar o matar al maestro. Nosotros entrenamos juntos, nos impulsamos a seguir y formamos lazos de familia que trascienden el tiempo. Y es nuestro deber buscar y seguir a Maestro a donde esté.

Aunque no es la primera vez que cruzo el planeta para estar con mi Maestro, esta ocasión fue diferente pues ahora yo también soy maestro Zen. Era necesario vernos para que me instruyera en ciertas prácticas y conceptos que solo se podían aprender bajo el mismo techo. Pero lo más importante para mi era simplemente estar sentado en silencio con él.

Estuve entrenando en 3 templos, viví 2 tifones y uno de ellos el peor en los últimos 10 años en el archipiélago japonés. Visité muchos templos y sitios budistas de importancia histórica. Practiqué Zazen por 15 horas al día en ciertos momentos. Caminé por donde caminaron Dogen, Keizan, Nishijima, Sawaki y Uchiyama. Practiqué caligrafía. Recibí correcciones a mi práctica, a mi manera de ver el mundo. Mi ego floreció y se tuvo que reducir a golpes en el zendo.  Dormí muy poco, comí poco y caminé mucho.

Estas palabras de Dogen Zenji, plasmadas en el Eihei Koroku resuenan en mi:

«Habiendo estudidado con mi maestro Nyoji y y habiendo comprendido por completo que los ojos son horizontales y la nariz vertical, regreso con las manos vacías…»

La referencia a ojos y nariz se refiere a la práctica de Zazen.

Entonces, a pesar de que tuve muchas experiencias, en realidad he regresado con las manos vacías.

Solo tengo un poco de silencio para compartir.

 

Bitácora de la peregrinación de un monje Zen en Japón 2019

Bitácora de la peregrinación de un monje Zen en Japón 2019

 

Si leemos con atención la historia de muchos monjes budistas, podemos encontrar detalles en común como la práctica y estudio del dharma; la eterna lucha contra el ego y la búsqueda del beneficio de todos los seres sintientes. Pero un detalle particular es el hecho de que casi todos hacen del peregrinaje una actividad recurrente a lo largo de la vida.

Un servidor no se escapa de esto, pues estoy a unas horas de emprender otro viaje más. La Vía me lleva a Japón para entrenar junto a mis Maestros, practicando y estudiando en 3 templos y visitando algunos otros más. Este peregrinaje durará 1 mes.

La travesía no la haré solo. Estaré acompañado de ustedes, que lo han hecho realidad. Gracias a la tecnología, ¡me los llevo a todos en el corazón y en el bolsillo!

Esta entrada en el blog servirá como bitácora de viaje. Quedará abierta por lo que dure el peregrinaje, así que regresa aquí para leer y participar en los comentarios. Cada que me sea posible publicaré texto, imágenes y video. Avisaré por Twitter cuando haya actualización.

Así que sin más, regreso a hacer maletas. Gracias, a todos.

 

Llegando a casa

Luego de un vuelo largo y de haber dormido poco, me encontré con mi maestro en el aeropuerto. Nos saludamos y nos dirigimos a nuestro templo.

Me siento en casa. Comienza el estudio y el silencio.

Pero las cigarras en los árboles no parecen estar interesadas en callar.

Zazenkai de sábado 28 de septiembre de 2019

Hoy las actividades comenzaron a las 4 AM y nos dirigimos al zendo para Zazenkai de 4 horas. Tuve el honor de dirigir la sesión y dar un charla sobre la importancia de viajar para encontrar al Maestro.

Además me hicieron bailar mambo. Y a pesar de mi ego, lo hice.

Si quieres participar en esta ceremonia, solo sigue lo que pasa en el video. Advertencia para los que no tienen experiencia: son 4 horas de práctica… Pero vale la pena.

Hoy atravieso Japón para llegar al segundo templo donde estaré entrenando. Estaré fuera del aire por unos 6 días.

Hasta entonces, querida sangha.

 

El templo en la montañas

Las montañas de Japón no son como en las películas de fantasía. Hay calor húmedo y es difícil la travesía. Nunca había estado en esta parte de la tierra del sol naciente, así que es una aventura.

El templo en el que me encuentro se llama Antaiji. Es de los pocos que ofrecen instrucción a monjes extranjeros, aunque no siempre aceptan estudiantes. Estoy aquí gracias a que mi maestro habló con el habad para que me abrieran las puertas.

La disciplina que se vive aquí es impresionante. Todo funciona como maquinaria de reloj, al segundo y nada se sale de lo establecido… Excepto el ego, que se revela.

Ha habido mucho aprendizaje, pero hoy comparto dos. Lo siento, pero no he tenido tiempo para más.

Hay un punto más, pero aún no estoy seguro si lo debo compartir. Seguro ya me has escuchado sobre esto: el Budismo Zen no es vegano. Y la prueba de ello es que pescados, mariscos, moluscos, venado y jabalí son servidos casi todos los días en Antaiji, lugar de espiritualidad y Buddha dharma. No me animo porque mis lectores veganos se ponen súper agresivos. Pero bueno, quizá haga un video al respecto.

Y también dejo unas fotos, con el compromiso de publicar más.

 

¿Sueñan los androides con budas eléctricos? 

La ciudad de Kyoto me recibió con estampas de impecable belleza y con gente cálida que me abrió las puertas sin pensarlo.

Se convirtió en una parada importante en mi peregrinaje porque hay muchos templos para visitar, pero muchos compañeros monjes que quieren conocerme y enseñarme.

Cuando esté de regreso en México escribiré más sobre esta experiencia, pero hoy quiero hablar sobre algo sobresaliente: Mindar, la versión androide de Kanzeon / Kannon o Avalokiteshvara.

Mindar es el resultado de los monjes visionarios de Kannon-ji (ji significa templo), quienes decidieron unir esfuerzos con ingenieros de varias universidades para crear un robot budista.

Ella es Avalokiteshvara, bodhisattva de la compasión universal, aunque su movimiento es limitado, es capaz de dar sermones escritos previamente, responder algunas preguntas y  mirar a los ojos a los asistentes.

El sermón que escuché fue sobre la importancia de abrazar la Vacuidad de las cosas. Solo así es como la compasión puede fluir en el corazón de las personas.

Mindar es un proyecto muy controversial porque algunos dicen cosas como «¿Cómo es posible que un robot de enseñanza budista? ¡Es herejía!»

Pero, ¿qué tan diferente es Mindar de cualquier otra imagen religiosa? Por milenios hemos hecho reverencia ante cuadros o esculturas. Hacer reverencia por un robot no es lo importante.

Lo que hace que el Dharma viva es la intensión y la disciplina de la práctica.

 

Amida Buda

Al estar estudiando historia del Budismo he descubierto que no importa la rama que esté revisando, Amida Buda o Butsu siempre aparece. Es una de las figuras más iconicas del Budismo, aunque en occidente no nos quede claro que existen cientos de representaciones distintas de Shakya-sama.

Ayer, acompañado de unos amigos monjes y mis dos Maestros, visitamos el templo de Kiyonomizu. Es un templo en la montaña dedicado a Kanzeon (Avalokiteshvara) y a Amida Butsu. Actualmente no es un templo funcional, sino una para obligada para millones de turistas.

El lugar estaba repleto de visitantes y era difícil caminar o detenerse a admirar las obras, que estaban prácticamente olvidadas por los jóvenes que acuden a Kiyonomizu para tomar fotos y subirlas a sus redes sociales.

Así que con toda tranquilidad me pude detener ante Kanzeon y Jizo para hacer mis respectivas reverencias. Pero luego el camino me llevó a un altar monumental de Amida.

Y lo que voy a decer es por completo personal. Es muy posible que no se entienda.

Al ver a Amida dorado, imponente y en paz, todo cobró sentido: este viaje, mi pasado, mi práctica y servicio como monje. Todo el dharma converge en este buda que está rodeado de mil budas dorados, interconectados por Gratitud, Compasión y Generosidad.

No pude contener las lágrimas. Me rendí, lo rendí todo, lo perdí todo, solo para  contemplar en silencio y sentir mis ojos derramarse sin parar.

Nami Amida Butsu. Amituofo.

Simplemente es.

 

Lo sagrado en lo cotidiano

En el único día de descanso que tendré en este viaje, aproveché para caminar sin rumbo por las calles de Kyoto. He llegado al pequeño templo Rokkakudo, en el corazón de un sector de negocios.

¿Un templo en un lugar de negocios? Sí, y muchos ofininstas hacen una pausa para ir a hacer un par de reverencias al Buda y a Kannon, y pasar unos minutos de completa paz, para luego regresar a sus escritorios.

Hoy dejaré esta ciudad y a mis compañeros, para viajar hacia Eiheiji, el templo de Dogen  Zenji. Pasaré algún tiempo entrenando un poco más antes de concluir este viaje.

 

Caminando los pasillos por donde Dogen caminó

Eiheiji es un monasterio enorme. Está lleno de corredores, salones, dormitorios, zendos, altares y uno se puede perder con facilidad si no está en compañía de algún monje residente. Por fortuna me asignaron a un compañero monje que me acompañaba a todos lados y me explicaba todo lo que había que saber. Mis días aquí han estado llenos de silencio, zazen y contemplación… y claro, un tifón de magnitudes históricas.

¡Todo en Eiheiji es hermoso! Cada rincón está lleno de belleza, que sin duda toca el corazón. Pero lo más impactante es saber que uno está caminando los pasillos por los que Dogen caminó, nos sentamos en las mimas salas en las que Dogen enseñaba a sus alumnos. Aunque él murió hace siglos, su ejemplo sigue aquí cada vez que nos sentamos en Shikantaza Zazen.

 

Aquí algunas imágenes de los jardines de Eiheiji, porque no nos permiten tomar fotos en el interior.

Próxima y última parada: Kamakura.

 

Budas gigantes llenos de Vacío

En Kamakura he visitado varios templos importantes y muy hermosos, pero el más significativo para mi ha sido Kotoku-in. Éste es un templo Zen de la orden Jodo-Shu, que ahora es solo punto turístico y es el hogar del Kamakura Daibutsu (Buda gigante de Kamakura).

Este Buda es el original Chocobuda, del que está tomada mi figura de Amida Buda que me ha acompañado por 20 años.

Es un Amida de 15 metros de altura, moldeado en bronce que domina el panorama. Siempre está sereno, impasible y contempla todo desde la perfección de su Zazen.

Y claro, como todo buen Buda, está lleno de Vacuidad:

Ya es tiempo de regresar a casa.