Taller de manejo de emociones negativas: Heisei 2016. Inicia en noviembre 21

Taller de manejo de emociones negativas: Heisei 2016. Inicia en noviembre 21

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¡Te invito al último taller de 2016 en Chocobuda!

 

Heisei: (Jap.) compostura, calma, aplomo, serenidad, ecuanimidad, calma

 

Problema

Las emociones negativas son útiles y naturales para el desarrollo de nuestra vida. Gracias a ellas podemos distinguir el peligro, saber cuando alguien abusa de nosotros o cuando requerimos apoyo y cariño.

El problema es que en estos tiempos de conexiones inmediatas e individualidad, el culto al ego hace que estas emociones crezcan a niveles incontrolables. Nunca nos percatamos cuando la ira, la tristeza y los celos comienzan a tomar el control de nuestras acciones. Estamos enojados, con prisa o tristes de tiempo completo.

Esto hace que nuestras vidas se vuelvan grises, nos volvemos depresivos o agresivos y comenzamos a habitar un mundo donde todo nos ataca de forma personal. Pronto la salud comienza a gastarse, y cansamos a las personas que nos rodean, erosionando amistades y relaciones.

Solución

Cuando las emociones negativas nos dominan y comenzamos a ver que nuestra tranquilidad y salud están siendo destruidas, es tiempo de actuar antes de que el problema se vuelva inmanejable.

Creemos que existe un camino de vida más tranquilo y amable, en el que podemos aprender a dejar ir las emociones que no nos ayudan y a no caer en extremos pasionales. Así crecemos y construimos un mejor mundo para nosotros mismos y quienes nos rodean.

La ira, el rencor, la tristeza o los celos; todos ellos pueden ser reducidos a su mínima expresión.

Por eso creamos Heisei, taller de manejo de emociones.

Heisei es la palabra japonesa que significa compostura, calma, aplomo, serenidad y ecuanimidad.

Inscribirte a Heisei, te ayudará a:

  • Hacer de la meditación un hábito cotidiano para fortalecer tu estado de ánimo y reacciones.
  • Estar atento a tus estados ánimo para poder dejarlos ir antes de que te causes daño a ti o los demás.
  • Buscar espacios de silencio e introspección necesarias para el auto conocimiento.
  • Reconocer tu naturaleza humana para que funcione en equilibrio con tus valores.
  • Aprender a ver las cosas de forma abierta y sin caer en extremos.
  • Entender la raíz de muchos de estos sentimientos.
  • Mejorar tu salud en general.
  • ¡Sonreír más y respirar con tranquilidad!

Cuando logramos ser uno con las emociones negativas, nos volvemos ecuánimes y más amables. No sólo te sentirás mejor, sino que la gente que te rodea se sentirá bien a tu lado.

¡Me interesa!

 

Meditación de Día de Muertos, ver. 2016

Meditación de Día de Muertos, ver. 2016

Foto: Karen Castillo http://www.npr.org/

Foto: Karen Castillo http://www.npr.org/

 

Dejad que los muertos descansen

y que el pasado quede en el pasado.

Capitán Jean-Luc Picard, USS Enterprise

Este es el último post sobre Día de Muertos en la Semana de la Impermanencia.

Como ya es tradición en Chocobuda, hoy comparto la Meditación de Día de Muertos. Es la versión 2016, corregida y con algunos nuevos comentarios. Espero te sea útil.

La muerte es un tema que muchos optamos por ignorar. Tratamos de esconderla, de no ver y de ni siquiera imaginar cómo sería la vida cuando un ser amado muera. Nos aterra pensar en nuestra propia muerte y con toda arrogancia ignoramos que todo en la vida es impermanente.

Esto es sembrar la semilla del sufrimiento porque cuando nos enfrentamos a Catrina frente a frente, carecemos de los elementos para entender y para dejar ir. En cambio, nos clavamos flechas envenenadas en el corazón. Una tras otra tras otra; y no soltamos la memoria, los recuerdos y hasta disfrutamos mantener las heridas abiertas.

No es que debamos huir del dolor y tampoco se trata de olvidar a las personas que se fueron. También, no importa cuánto nos preparemos, la muerte siempre duele.

Lo que hace la diferencia es saber que somos nosotros los que podemos dejar ir los sentimientos que nos ahogan, para poder liberarnos.

A los seres amados que se van hay que recordarlos con gratitud, con respeto y sonrisas; para luego seguir la vida con el conocimiento de que su legado vive en nosotros.

No soy nadie para decir si existe algo después de la muerte. La verdad es que no lo sé.

Lo que sí puedo decir es que llevar en la espalda el peso del dolor de la muerte de alguien, es un cáncer que va devorando nuestra energía vital y la sonrisa. He conocido a personas que viven en pena y que no vuelven a ser felices por llevar el luto y la culpa clavados en el corazón.

Si hay una lección importante que nos enseña el budismo, es la impermanencia.

No importa cuánto nos esforcemos, cuánto dinero invirtamos y cuánto nos resistamos, la realidad es que todo muere.

Cuando comprendemos esto, la vida y la salud se convierten en el tesoro más grande. Nos da amplitud para saborear el momento actual, cada segundo que pasamos en este plano existencial.

México es un país con infinitas tradiciones y costumbres, pero si hay algo que nos da identidad nacional y que todos los mexicanos celebramos, es el Día de Muertos (2 de noviembre).

Esta fiesta se observa desde tiempos precolombinos y nos dice mucho del respeto (y miedo) que sentimos por la muerte. Por muchas ciudades y pueblos mexicanos se pueden ver altares con flores y comida, dulces, tequila e imágenes de la misma muerte; nuestra compañera inseparable.

La muerte es parte de la vida. Una no existe sin la otra y el final de octubre y principio de noviembre, es la época en la que el velo entre la vida y la muerte se vuelve delgado y los ecos de los que ya se fueron regresan. Y en la mayoría de los casos su partida sigue doliendo porque simplemente nos negamos a dejar ir la memoria y el cariño.

Es una gran pena que estas culturas occidentales no nos enseñen que todo en la vida es impermanente, que todos vamos a morir. Si tan sólo lográramos entender esto, el proceso de muerte y despedida sería mucho más tranquilo de lo que es ahora.

Y es aun más doloroso ver cómo hay personas que jamás pueden salir adelante de la pérdida de un ser amado.

Viaje eterno

rocío al alba

reencuentro

Así que dejo este pequeño ejercicio de meditación para sanar las heridas, dejar ir el pasado y seguir adelante.

Meditación de Día de Muertos

Preparativos

  • Lee varias veces la meditación para que no interrumpas tu sesión
  • Escoge un tiempo del día en el que nadie te moleste y puedas estar en silencio.
  • 1 vela pequeña
  • Tu incienso favorito

Meditación

  • Estira todo tu cuerpo.
  • Siéntate en una silla cómoda, con la espalda recta sin recargarla en el respaldo. Si puedes sentarte en el suelo en flor de loto o seiza, adelante.
  • Enciende la vela y apaga las luces.
  • Cierra tus ojos y respira profundamente, varias veces. Trata de tranquilizar y relajar todo tu cuerpo. No avances al siguiente paso hasta que todos tus músculos estén relajados.
  • Regresa tu respiración a ritmo normal.
  • Piensa en la persona que se fue y que extrañas mucho.
  • Recuerda todos los buenos momentos, el aprendizaje, las risas y las lágrimas. Quédate en ese momento favorito, donde más disfrutaste su compañía. No hay prisa.
  • Esa persona te mira a los ojos por un largo momento.
  • Con una voz tranquila y en calma te dice: «Muchas gracias por recordarme, eso me hace muy feliz. Tuve una vida llena de aprendizaje. Ahora estoy bien. No tengo hambre, frío ni calor. Por favor mira la llama de esta vela. Es brillante y genera un calor muy agradable. Va a brillar por un largo rato y luego se apagará. Esta fue mi vida. Así es la vida.»
  • Abre tus ojos y mira la vela.
  • Di en voz alta. «Muchas gracias por tocar mi vida, aprendí mucho de ti. Es hora de que descanses y que los dos seamos libres para seguir adelante. Adiós. Adiós. Adiós.»
  • Quédate en silencio observando la vela. Mira cómo se consume. Esa es nuestra vida. Esa es la naturaleza de las cosas. Todo se acaba, pero todo brilla y nos deja su calor.

Esta meditación la aprendí hace muchos años y es una experiencia muy poderosa. Si la sigues al pie de la letra y la repites varias veces durante esta temporada de muertos, te ayudará mucho a dejar ir.

El objetivo primordial es que entiendas que todo termina y que entre más te aferres al recuerdo de alguien que murió, nunca cerrarás el ciclo y te causarás mucho daño. No serás libre para moverte a nuevas experiencias en tu vida.

Suelta a esas personas que se fueron. Es tiempo para que tú escribas tu propia historia. Hoy es el tiempo en que debes hacer brillar tu propia luz y dar calor a los que te rodean.

Este año dedico mis esfuerzos y esta meditación a todos los seres vivos que están sufriendo por enfermedad y enfrentando la muerte. Que la Luz Dorada de Todo Lo Que Es nos una en compasión y ayuda mutua.

Feliz Día de Muertos.

Gracias por haber estado en la Semana de la Impermanencia. ¿Te gustaría que regresara el año próximo? ¡Deja un comentario!

Día de Muertos es Día de la Impermanencia Budista

Día de Muertos es Día de la Impermanencia Budista

Foto http://www.frutismo.co/

Foto http://www.frutismo.co/

México es un país lleno de tradiciones. Algunas son modernas y otras vienen desde antes de que los españoles llegaran. Ese es el caso del Día de Muertos.

Hay demasiadas cosas escritas al respecto. Sabemos que es una festividad que honra a los difuntos y que se celebra en más lugares de América del Sur. UNESCO ha declarado el Día de Muertos como parte de la herencia cultural de la humanidad y promueve su observación y conservación.

Aquí se montan altares llenos de colores, fotos y comidas completos para los muertos que vienen a cenar por un día con nosotros.

Hacemos mil bromas regalando entre nosotros cráneos de azúcar, chocolate o amaranto con el nombre de algún amigo.

Por un día, noviembre 2, los muertos regresan a comer y bailar entre nosotros. Lo celebramos y bromeamos porque tenemos un miedo terrible a reconocer que todo muere. Como muchas otras culturas de este planeta, los mexicanos tratamos de asirnos desesperadamente a lo que amamos. No lo soltamos tan fácil.

Como monje budista, veo el Día de Muertos como la celebración de dos lados de la misma moneda. Callo mi eterna verborrea para admirar la danza de la Vida convirtiéndose en Muerte, y de regreso. Viven en el mismo espacio-tiempo, inseparables se manifiestan ante mis ojos. A veces es la luz del día apagándose. Otras es mi reflejo en el espejo que me muestra cabellos blancos en mi cabeza y barba. A veces es un insecto muerto o un mosquito que he matado.

El Día de Muertos se convierte en Día de la Vida justo frente a mi. El resultado es perfecto, a pesar de que mi enorme ego detesta la idea. Pero es lo que es. Sólo sucede. Es todo lo que hay. Millones de seres nacen y millones se van de esta vida, pero nunca del Universo. Y menos del Multiverso.

El Día de Muertos se convierte en Día de la Impermanencia porque es un recordatorio de que todo cambia y está en perpetuo movimiento. Constantemente se mueve, se adapta, destruye y crea. Y las cosas pasan mucho más rápidas de lo que puedo apreciar. Sólo puedo intentar en vano tratar de ver la magnitud.

Me sirve para tomar consciencia de que nada permanece, que todo se desgasta y muere. Y yo estoy en esa lista de pendientes del Universo.

El Día de Muertos se convierte en Día de la  Totalidad cuando me muestra que el Camino jamás termina y que nunca es plano o recto. Tiene partes con áreas verdes y pasturas perfectas, pero también rocas y lava. Sin embargo es parte del viaje, no importa cuánto me resista.

Cuando nos sentamos en zazen podemos sentir todo sucediendo al mismo tiempo. Entendemos que todo cambia y muere… razón por demás para reconocer que cada una de nuestras acciones cuentan y tienen consecuencias.

Es por ello que en cada momento, sin importar que tan largo o corto sea, necesitamos estar atentos y presentes. Siempre pensando en el beneficio de los demás.

Somos impermanencia. Somos vida y muerte en sincronía. Y es una razón ideal para celebrar.

¡Feliz Día de Muertos!

Y gracias por leer esta Semana de la Impermanencia.

7 acciones para entender y vivir la impermanencia

7 acciones para entender y vivir la impermanencia

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El concepto de Impermanencia es extraño y lejano para muchos porque la sociedad occidental se asume como indestructible. Afirmamos que las personas son para siempre, que el amor dura,  que los planes siempre saldrán bien y que la salud es inquebrantable. Si nos toca pasar por despedidas o perder cosas materiales, creemos que el dolor será eterno y no vemos la salida a los problemas.

Cuando la Señora Impermanencia decide visitarnos para enseñar una lección, la vida se nos cae en pedazos porque no tenemos manera de asimilar todo lo que pasa.

El budismo nos presenta un sistema muy completo y profundo para entender la impermanencia, pero al final se trata más de sentido común que de religión. No hay que pasar miles de horas estudiando si prestamos atención y observamos la vida desarrollarse ante nuestros ojos.

Aquí comparto una serie de acciones que en combinación con una práctica estable de meditación, harán que la impermanencia sea una fuerza de cambio, gozo y aprendizaje.

 

1. Reconoce que la vida es cambio

Absolutamente todo lo que te rodea y todo lo que eres, cambia. No eres la misma persona que comenzó a leer este artículo porque dentro de ti murieron millones de seres microscópicos y nacieron otros tantos. Tus ideas eran otras hasta antes de leer estas palabras. Han pasado minutos en los que el sol ha avanzado su marcha, la Tierra gira y millones de organismos en el universo han cambiado su bioquímica, masa y posición en el espacio. Tu auto, tu casa, tu ropa; todo se ha hecho un poco más viejo. Ayer eras otra persona, al igual que hace 5 o 10 años.

Sentarte en silencio por unos momentos y observar lo que pasa a tu lado es un gran ejercicio porque se puede ver y sentir cómo las cosas cambian.

Esto aplica también para tus planes y tus objetivos en la vida. No importa qué tan perfecto sea un plan, la vida tiene otros esquemas y agenda. Por lo regular no compaginan con lo que hay en tu imaginación.

No es que no debas tener una ruta planteada para tu vida, es solo que también hay que considerar que la vida te puede cambiar todo en un segundo.

 

2. Acepta que no eres inmortal (y nadie que ames tampoco)

Pensar en tu propia muerte no es algo con lo que estemos relacionados. De hecho le tenemos miedo a imaginarlo y huimos de la idea.

Pero saber que tienes fecha de caducidad le da sentido a todo lo que haces. Justo porque vas a morir y no sabes cuándo, cada instante que vives es precioso. Cada beso, helado, despertar, sonrisas, trabajo… todo es una joya preciosa que debes agradecer. Sí, aun las cosas que no te gustan.

Vas a morir, es un hecho. Es el final de todas las historias humanas. Entonces, ¿de verdad quieres desperdiciar tiempo en causar daño a los demás? ¿De verdad vas a dedicarte a dar vuelo a la avaricia y deseos? ¿No sería mejor dejar el mundo un mejor lugar y ser gentil con todos los seres?

Aceptar nuestra mortalidad y disfrutar cada segundo nos convierte en personas más sensibles y felices, por más descabellado que suene.

 

3. Reduce expectativas

Esperar demasiado de los demás y de la vida, es el camino seguro a sufrir. No importa cuán fuerte lo intentes, la vida y las personas jamás llenarán los zapatos imaginarios que has generado.

Conozco una persona cercana a mi (COF COF mi padre COF COF… perdón, es que tengo tos), que crea expectativas de todo y vive con el corazón roto porque nada se le cumple. Hace unos meses, por alguna razón, se inventó la fantasía de que alguien de la radio, amigo suyo, le pediría una entrevista. Pasó un par de semanas acariciando su momento de fama y planeando lo que diría en la transmisión. Al final su amigo no le volvió a llamar, y la entrevista jamás sucedió. Lo que siguió fueron dos semanas amargas en las que el universo no se acomodó a sus planes.

Crear expectativas y vivir de ilusiones y esperanzas es muy peligroso. Es mejor conservar una cabeza fría y mantener la imaginación bajo control.

 

4. Acepta que nunca has tenido nada bajo control

Justo porque la vida es dinámica y el ser humano es un macaco pretencioso, nunca, NUNCA hemos tenido el control de nada. No controlamos el clima, las placas tectónicas, a las personas, el paso del tiempo y ni siquiera nuestra propia salud.

Lo que tenemos es la fantasía de que somos ultra poderosos y eso nos hace sentir bien. Por ello los cambios nos cuestan tanto trabajo.

No tiene nada de malo hacer planes y diseñar procesos. ¡Está perfecto! Pero siempre hay que recordar que somos nosotros los que se adaptan al flujo de la vida. A la vida no le importan tus planes y no te escucha.

 

5. Aprende del cambio

Cuando el cambio llega en forma de muerte, desastre o despedida, por lo regular nos descarrilamos como tren a toda velocidad.

Es normal tener dolor y debemos dejar pasar el tiempo para procesar lo que pasa. El problema es que el cambio nos congela y evita que nos movamos. ¿Cuántas personas no conoces que no han podido soltar por años el sufrimiento de la muerte de alguien?

Mantener una mente abierta a las lecciones de la vida hace que el cambio siempre sea positivo, por más difícil que sea la situación.

 

6. Camina un paso a la vez

Tengo pocos recuerdos de mi abuelo paterno, pero una frase que decía constantemente era: no te comas el mundo a puños porque te atragantas. Visto a la distancia, creo que tenía razón.

Tratar de vivir demasiado rápido, querer ganar/vencer siempre o ser impaciente con los demás; nos llevará a sufrir.

¿Y si sólo vivimos por hoy? ¿Si solo te enfocas en lo que estás haciendo en este momento? Al fin y al cabo este momento ya terminó.

 

7. Disfruta todo

 

Tener un auto de lujo, o lo que sea de lujo, nos trae mucho placer.  Buscamos siempre pasarla bien y creamos industrias completas para ello.

Pero hay gozo en las cosas simples también, como una simple taza de té, sentir el aire en la piel y la luz naranja del atardecer.

Al mismo tiempo, la tristeza, la separación y la muerte son gozosas en el sentido que nos hacen crecer como personas.


Si quieres saber más sobre impermanencia, muerte y karma, te invito a las charlas en Guadalajara.

Nada es para siempre. Semana de la Impermanencia

Nada es para siempre. Semana de la Impermanencia

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«Gracias a la impermanencia todo es posible» —Thich Nhat Hanh

Todas las cosas que tienen forma y sustancia, así como las que no la tienen; son impermanentes. Es un hecho al que los seres humanos nos resistimos una y otra vez, y en cada ocasión nos creamos más sufrimiento que la vez anterior. Vamos por el mundo asumiendo que somos invencibles, eternos e infértiles.

No queremos que termine le película, no queremos que acabe el amor o el empleo. Justo porque nos negamos a que se termine el placer de un pastel (torta) de chocolate o una pizza, queremos comerlo todo el tiempo.

Cuando somos jóvenes nos negamos al hecho de que en algún momento envejeceremos y moriremos. Peor aun, jamás abrimos la mente a entender que encima de todo, enfermaremos y la belleza se extinguirá.

De forma intelectual podemos intuir que las cosas terminan, pero no dedicamos ni un pensamiento a en verdad penetrar el significado de la impermanencia.

Aprovechando que por estos días en México celebramos el Día de Muertos, decidí declarar que esta semana será dedicada a la Señora Impermanencia.

¡Bienvenidos a la Semana de la Impermanencia! En el blog, en Twitter y en los eventos programados aquí, estaremos abordando este tema que causa escalofríos al más temerario y maduro.

 

Anicca, la teoría budista de la impermanencia

Luego de años de estudio y meditación, el Buda llegó a la conclusión de que nada en el universo es permanente y que existen Tres Marcas de la Existencia: todo es insatisfactorio (Dukkha), todo es impermanente (Anicca), todo es y todo carece de sustancia y personalidad propia (Anatta).

Según el dharma, Anicca contiene cinco procesos de los que no nos podemos escapar y que no podemos controlar: el envejecimiento, la enfermedad, la muerte, la decadencia de las cosas y la destrucción de las cosas.

A pesar de que todos sabemos que nada es para siempre, a pesar de que todos tenemos en cuenta que vamos a morir y que las cosas que tenemos no durarán, nos esforzamos en ignorar este hecho.
Simplemente escondemos la cabeza bajo tierra y deseamos con todo el corazón que las cosas nunca cambien. Nos formamos la ilusión de que siempre vamos a estar jóvenes, sanos, que siempre vamos a tener una relación perfecta, que nuestros padres jamás morirán y que siempre vamos a tener empleo.

Y cuando llega la hora de la verdad, el impacto es devastador. No comprendemos cómo es posible que todo haya cambiado, si antes estaba perfecto.

De acuerdo al Buda, la vida es como un río. Es un momento progresivo, una sucesión de momentos distintos unidos para dar la impresión de movimiento continuo.

Este río se mueve de causa a causa, de efecto a efecto, de un punto a otro, de un estado de la existencia a otro; dando la idea de que es un movimiento continuo y unificado. Pero en realidad no lo es. El río de ayer no es el mismo río que el de hoy. El río de este momento no va a ser el mismo río del próximo segundo.

Así es la vida. Cambia todo el tiempo y se vuelve algo distinto de un momento a otro.
Nosotros mismos somos el ejemplo viviente de esto. Es una falacia pensar que somos la misma persona de cuando éramos pequeños. Siempre estamos creciendo, aprendiendo y con el tiempo, envejecemos.

Cuando comprendemos que nada es para siempre, es cuando la vida adquiere su carácter de joya preciosa.

Vivir el día de hoy como si fuera el último es lo que hace que nuestra experiencia sea maravillosa.
Si tenemos que decir te amo, hay que decirlo.

Si tenemos la oportunidad de reunirnos con alguien del pasado, hay que disfrutarlo.

Si hay que trabajar mucho, debemos enfocarnos y resolverlo.

Si tenemos que llorar y decir adiós, hay que hacerlo sin pensar dos veces.

Si la realidad cambia por sucesos inesperados, hay que adaptarnos, modificar el camino y seguir adelante.

A diferencia de los video juegos, en la vida no tenemos 3 oportunidades para terminar el nivel.

Sólo tenemos una oportunidad para hacer las cosas.

Y al estar conscientes de que todo es impermanente, hacemos que cada día sea una celebración de victoria.

Por eso me gusta decir: La mala noticia es que morirás. La buena es que tienes el resto de tu vida para hacer que cada segundo valga la pena.