Hace muchos años, el poeta japonés Shinmin Sakamura nos regaló un verso que se ha convertido en un mantra para miles de practicantes en Asia: Nenzureba hana hiraku:
Si lo mantienes en el pensamiento, las flores brotan
Si lo mantienes en el pensamiento, las flores brotan. En los momentos de sufrimiento, mi madre siempre decía estas palabras. Sin darme cuenta, desde hace tiempo, yo también empecé a recitarlas. Y así, cada vez, mis flores, de forma misteriosa, una a una, comenzaron a abrirse.
A primera vista, podría parecer una frase de optimismo ingenuo, pero desde la perspectiva del Budismo Soto Zen y el pensamiento Mahayana, encierra una verdad técnica y espiritual profunda sobre cómo construimos nuestra existencia.
La mente como arquitecta de lo real
Estamos tan desconectados de la vida, que vivir duele porque nunca las cosas son lo que creemos o lo que queremos. En el budismo entendemos que la realidad no es algo que nos «sucede» desde afuera, sino algo que co-creamos. El término Nen no se refiere solo a pensar de forma intelectual; es la atención plena del corazón, es la intención dirigida.
Nuestras intenciones definen nuestras palabras, y nuestras palabras son el marco de nuestra percepción. Aquí es donde la psicología budista se vuelve práctica para nuestra vida diaria:
El veneno del «no puedo»: Cuando afirmas que algo es imposible, estás cerrando una puerta antes de tocarla. Esa frase genera un estado mental de derrota que impide que veas las oportunidades que ya están frente a ti. La flor no brota porque tú mismo has decidido que la tierra es estéril.
La fuerza del «comienzo a hacerlo»: En el momento en que cambias el discurso interno a una acción concreta («estoy empezando», «lo intento»), el universo entero se reconfigura. No es magia, es la Ley de Causa y Efecto(Karma). Al mover un solo átomo de tu intención, obligas al cosmos a responder a ese nuevo movimiento.
El cosmos que se abre para ti
En el budismo Mahayana, hablamos de la interconexión de todas las cosas. No hay una separación real entre tu mente y las estrellas. Cuando mantienes una intención pura y persistente, estás sembrando una semilla en el campo del universo.
El poema nos cuenta que la madre del autor repetía estas palabras en momentos de sufrimiento. No lo hacía para ignorar el dolor, sino para recordar que incluso en el invierno más crudo, la vida está preparando su regreso.
En el Zen decimos que «cuando el discípulo está listo, el maestro aparece». De la misma forma, cuando tu intención es clara y tus palabras están alineadas con la acción, las «flores» de tu vida como tus proyectos, tu paz mental o tus relaciones, encuentran el camino para abrirse de forma misteriosa pero inevitable.
Práctica para hoy
Observa tu lenguaje interno. Si te encuentras diciendo que algo es difícil o imposible, cámbialo por un suave: «Voy a empezar con esto ahora». Nota cómo tu cuerpo se relaja y cómo, de repente, el mundo parece un lugar un poco más amable y lleno de posibilidades.
No tiene que salir bien, pero si no comienzas, nunca te enterarás de que quizá sí podías lograrlo.
Recuerda: las flores no brotan por la fuerza, sino porque encuentran las condiciones adecuadas. Tu intención es el sol que permite ese milagro.
Esta semana terminamos con El Sutra de las Montañas y Aguas (Sansui kyou), que es parte de Shobogenzo.
Para el gran final del Sansuikyo, Dogen Zenji nos lanza al corazón de la no-dualidad. Las montañas no son objetos estáticos que observamos a la distancia, sino la expresión viva de la mente de los sabios. Al decirnos que «las montañas fluyen», Dogen nos pide que soltemos nuestra lógica rígida y humana para entender que la realidad no está atrapada en conceptos de movimiento o quietud, sino que se manifiesta de formas infinitas según quien la habita. Tenemos que dejar de ver el mundo como algo que nos pertenece, para reconocer que las montañas pertenecen a quienes las aman y que, en ese amor, el observador y lo observado se desvanecen.
Personalmente me parece muy poderoso que Dogen comparte un universo fractal y vibrante, donde dentro de una brizna de hierba o de una gota de agua existen mundos enteros de seres sintientes y tierras de Buddha.
Al pescar en el río, el sabio no solo busca un pez, sino que se «pesca a sí mismo», integrándose en el flujo total del Dharma donde cada elemento como fuego, viento o roca, es un maestro en pleno entrenamiento.
Este sutra cierra con la comprensión de que cuando «las montañas son montañas», no estamos ante una obviedad, sino ante la realización plena de la vida tal cual es, sin las etiquetas de nuestro ego.
Este precioso texto lo puedes descargar de aquí. Recomiendo leerlo antes de Zazenkai.
¡Los esperamos el domingo!
Dana
Los monjes budistas dependemos de la generosidad de nuestra comunidad para nuestro sustento. No tenemos salario y vivimos con sencillez, por lo que cada donación es muy apreciada.
Con tu ayuda, me es posible continuar difundiendo las enseñanzas del Buda y de los Patriarcas del Zen, y compartiendo su mensaje de compasión con el mundo.
Tu donación me ayudarás a seguir ofreciendo clases de Budismo Soto Zen, Zazen y otras actividades que benefician a la comunidad. ¡Gracias por tu amabilidad y generosidad!
Zazenkai significa Meditamos Juntos, y son las reuniones semanales de una sangha Soto Zen. En Grupo Zen Ryokan nos reunimos todos los domingos, para una pequeña ceremonia, practicar Zazen juntos y aprender Budismo Soto Zen.
Si estás fuera de Guadalajara, Jalisco, puedes participar con nosotros vía Zoom en vivo, o ver la transmisión grabada en YouTube.
Si estás en la ciudad, te esperamos en el Árbol del Yoga, siempre y cuando sigas al pie de la letra las medidas de prevención por la contingencia sanitaria. Detalles aquí.
El tema del día será: El Sutra de las Montañas y Aguas, de Dogen Zenji. Parte 6.
Los espero:
Día: Domingo 29 de marzo de 2026.
Hora: Ciudad de México / Guadalajara 10:00h Caracas / La Paz 12:00h Madrid 18:00h
Por respeto al Maestro y los asistentes, LLEGAR TEMPRANO. Comenzamos a la hora en punto y se cerrará la reunión de Zoom.
Duración: 90 minutos.
Lugar: Sala de Zoom. El enlace a la sala será publicado 15 minutos antes en el grupo de difusión en WhatsApp. Clic aquí.
Si no te puedes conectar a esa hora, puedes participar en la grabación que quedará en YouTube.
Indicaciones especiales para Zoom:
Descargar nuestro cuaderno de liturgia de https://1drv.ms/w/s!Akxki0vbnRKilJdQA9WC8DyqzTqBaA?e=swI1t4
Llevar ropa cómoda.
Preparar cojín, silla o zafu.
Tener agua disponible.
Elegir un lugar donde se pueda ver la pantalla con claridad y tener espacio para moverse y sentarse en un cojín o silla.
Seguir las instrucciones que daré en el video.
Un poco de incienso siempre es buena idea.
Espero verlos ahí. Cualquier duda o pregunta ya saben que siempre estoy disponible.
La práctica Zen es la aceptación radical de la vida como es. Eso lo podemos ver en muchos libros y material de estudio de nuestra filosofía. Practicamos con un corazón abierto, pero a veces las situaciones de la vida nos confunden porque hay muchas cosas sucediendo.
Este dharani es para devolver la atención a donde debe estar y recordarnos que debemos regresar a nuestra base de Shikantaza, abrir la mente, bajar el ego y entender que siempre es momento de conectar con la belleza profunda de la práctica. Esa belleza suave e imperceptible es la compasión.
A veces olvidamos que debemos actuar con compasión para nosotros y para los demás. También en ocasiones dejamos de ver que los demás conectan y actúan con nosotros con base en compasión. Esto es el cimiento de todo lo que hacemos en el Soto Zen.
El Dai Hi Shin Dharani se recita justo para eso. Para soltar, conectar y entender cosas que el intelecto no puede ver.
El lenguaje del corazón: ¿Qué es un dharani?
En Grupo Zen Ry?kan hacemos Shikantaza como pilar de nuestra práctica. Aunque recitamos dharanis como el Ushnisha Vijaya Dharani Sutra en nuestra ceremonia de año nuevo, no hemos hablado mucho de lo que significan.
Antes de entrar en la historia del dharani que les presento hoy, hay quel entender qué estamos recitando. A menudo confundimos los dharanis con los mantras, y aunque son parientes cercanos, tienen matices distintos.
Un mantra suele ser corto, una «semilla» sonora o una frase breve que enfoca la mente. Hay mucho más que decir, pero lo podemos comprender de esta manera.
El dharani, por su parte, es más extenso. La palabra sánscrita dharani significa «protección», «preservación» o «mantener». En la traducción china implica «nunca olvidarse de preservar el bien para con todos los seres».
Los dharanis tocan el corazón de una manera hermosa y profunda. No buscan apelar a la lógica intelectual, sino que actúan como un puente que nos une con el mundo espiritual. Al recitarlos, dejamos de lado el análisis racional para permitir que el sonido mismo nos armonice con la energía de los Budas y Bodhisattvas. Es una melodía de sabiduría que trasciende las palabras.
Sí, los dharanis son una práctica religiosa que no puede ser explicada, solo puede ser experimentada y sentida en lo profundo de nuestro ser.
Historia: De la India a las montañas de Japón
Este dharani es la transliteración al chino de un texto sánscrito original. Fue traducido en el siglo VII, durante la dinastía Tang, por el monje indio Bhagavad-dharma (Kabon Daruma). Su nombre completo es «Dharani del Avalokitesvara de mil manos y mil ojos, infinitamente amplio, de armonía inconmensurable y libre de obstáculos».
Aunque se recita con fonética japonesa, gran parte de su contenido tiene raíces en el hinduismo, mencionando figuras como Shiva (el de cuello azul) y Vishnu, que fueron integradas al budismo Mahayana como manifestaciones de la compasión universal.
Importancia para el Soto Zen
En nuestra tradición, el Daihi Shu (como se le conoce abreviadamente) es uno de los textos más queridos. Se utiliza para:
Ceremonias matutinas y vespertinas: Para armonizar la energía del templo, de nuestro altar casero y de nosotros practicantes.
Servicios conmemorativos: Para honrar a los ancestros y fundadores, como una ofrenda de mérito.
Protección espiritual: Se cree que su recitación protege la mente de las distracciones y purifica el entorno, ayudándonos a mantener el pensamiento correcto y la concentración en el samadhi.
Importancia para el practicante moderno
Para quienes vivimos en el caos del siglo XXI, el Dai Hi Shin Dharani es un recordatorio de la resiliencia. El dharani menciona al «Bodhisattva de Cuello Azul», una metáfora de alguien que es capaz de beber el veneno del mundo (el sufrimiento, el odio, el estrés) para proteger a los demás sin dejarse destruir por él.
En la práctica moderna, nos enseña a:
Transformar los «tres venenos»: Ira, avaricia y autoengaño que nublan nuestro día a día.
Actuar de manera altruista: Las «mil manos» simbolizan nuestra capacidad de ayudar de formas infinitas a nosotros mismos, y a todos los seres que nos rodean.
Estar presentes y claros: Los «mil ojos» representan la sabiduría para ver el sufrimiento propio y el ajeno, más allá de las apariencias y actuar con compasión real.
Cómo recitar este dharani en la práctica cotidiana
Recitar el Dai Hi Shin Dharani es invitar a la compasión universal a sentarse a nuestra mesa. Aquí tienes algunas recomendaciones para integrarlo en tu vida:
En el altar y antes de Zazen: Si tienes un espacio de meditación en casa, recítalo ante el altar antes de sentarte en Zazen. Ayuda a calmar el «ruido» mental y a dedicar tu práctica al bienestar de todos los seres.
En medio de la labor diaria: No necesitas estar en un templo o en un altar para que el dharani surta efecto. Puedes recitarlo en voz baja o simplemente escucharlo mientras realizas tus tareas, cocinas o caminas. Esto convierte el trabajo ordinario en una práctica sagrada de atención plena y compasión.
Ante las pruebas de la vida: Cuando el corazón se rompe, cuando enfrentas una pérdida o una crisis personal, el dharani actúa como un bálsamo. Recitarlo en estos momentos crea un espacio de paz y nos recuerda que no estamos solos en nuestro sufrimiento. Es una herramienta poderosa para transformar el dolor en sabiduría.
Puedes escucharlo o recitar con este video:
Texto original del Dai Hi Shin Dharani
NAMU KARA TAN NO TORA YA YA NAMU ORI YA BORYO KI CHI SHIFU RA YA FUJI SATO BO YA MOKO SATO BO YA MO KO KYA RUNI KYA YA EN SA HARA HA EI SHU TAN NO TON SHA NAMU SHIKI RI TOI MO ORI YA BORYO KI CHI SHIFU RA RIN TO BO NA MU NO RA KIN JI KI RI MO KO HO DO SHA MI SA BO O TO JO SHU BEN O SHU IN SA BO SA TO NO MO BO GYA MO HA TE CHO TO JI TO EN O BO RYO KI RU GYA CHI KYA RYA CHI I KIRI MO KO FUJI SA TO SA BO SA BO MO RA MO RA MO KI MO KI RI TO IN KU RYO KU RYO KE MO TO RYO TO RYO HO JA YA CHI MO KO HO JA YA CHI TO RA TO RA CHIRI NI SHIFU RA YA SHA RO SHA RO MO MO HA MO RA HO CHI RI U KI U KI SHI NO SHI NO ORA SAN FURA SHA RI HA ZA HA ZA FURA SHA YA KU RYO KU RYO MO RA KU RYO KU RYO KI RI SHA RO SHA RO SHI RI SHI RI SU RYO SU RYO FUJI YA FUJI YA FUDO YA FUDO YA MI CHIRI YA NORA KIN JI CHIRI SHUNI NO HOYA MONO SOMO KO SHIDO YA SOMO KO MOKO SHIDO YA SOMO KO SHIDO YU KI SHIFU RA YA SOMO KO NORA KIN JI SOMO KO MO RA NO RA SOMO KO SHIRA SU OMO GYA YA SOMO KO SOBO MOKO SHIDO YA SOMO KO SHAKI RA OSHI DO YA SOMO KO HODO MOGYA SHIDO YA SOMO KO NORA KIN JI HA GYARA YA SOMO KO MO HORI SHIN GYARA YA SOMO KO NAMU HARA TAN NO TORA YA YA NAMU ORI YA BORYO KI CHI SHIFU RA YA SOMO KO SHITE DO MODO RA HODO YA SO MO KO
Traducción al español del Dai Hi Shin Dharani
Basada en la traducción del sánscrito y japonés al español, inspirada en el trabajo de Mokugen Roshi. La traducción es larga, pero es la mejor forma que encontré de que tenga sentido en nuestra lengua.
En este dharani se habla de Avalokisteshvara con otros nombres como Kanjizai, Bodhisattva de Cuello Azul, Guardiana Espiritualy Gloriosa Vencedora de color oscuro.
Hacia el final se menciona el uso de un chakram. Esta era un arma en forma de disco dentado que se arrojaba con fuerza a los adversarios.
Me entrego a los Tres Tesoros: Buda, Dharma y Sangha. Me entrego a la Santa Bodhisattva Avalokitesvara, quien está dotada de la mente de la gran compasión.
¡Oh! Entreguémonos a la Bodhisattva Kanjizai, que nos protege y nos salva de todos los temores, obstáculos, enfermedades e ilusiones. Tras refugiarnos en ella, recitemos este mantra para alabar a Avalokitesvara, la Bodhisattva de Cuello Azul, dotada de una extraordinaria fuerza divina. Al liberarnos de las ilusiones y las influencias maléficas, purificando nuestras existencias, todas nuestras esperanzas y necesidades podrán realizarse. Recitemos este mantra, lleno de luz y bienestar, que vence todas las fuerzas malignas y purifica la vida de los seres confundidos.
¡Om! ¡Sonido sagrado! ¡Sabiduría de luz resplandeciente! Alabemos a quienes poseen la luz de la sabiduría, a quienes han trascendido los apegos del mundo. ¡Salve! Como el sol o como un león, ¡salve al Dios Vishnu! ¡Oh, Grande y Santa Bodhisattva Kanjizai! Invoquemos y memoricemos este mantra. Debemos recitarlo siempre. Recordemos practicar este Dharani. ¡Practiquémoslo! Consumemos esta práctica, ejecutémosla. Recordemos bien este mantra, con cuidado.
¡Oh, Victoriosa! ¡Gran Victoriosa! Preservemos bien la memoria de este mantra. ¡No lo olvidemos! ¡Oh, Suprema Señora de la Tierra, Santa Bodhisattva Kanjizai! ¡Te invoco! ¡Te invoco! ¡Oh, Bodhisattva de pureza inmaculada! Eres aquella que se alejó de las impurezas. ¡Oh, Bodhisattva de cuerpo completamente puro! ¡Que venga aquella que nace de la Verdad! ¡Que venga tal como es!
Avalokitesvara, ¡eres la Guardiana Espiritual de la Gran Tierra! Haz que se elimine el veneno de la avaricia. Haz que se elimine el veneno de la ira. Haz que se elimine el veneno del autoengaño de la mente. ¡Libéranos de esto! ¡Aléjanos de esto! Libéranos de las impurezas del mundo.
Como el sol o como un león, caminemos con firmeza. Marchemos con confianza. Manifestemos nuestra Naturaleza Original, expresemos nuestra Esencia. Avancemos en el Camino. ¡Vamos adelante! Realicemos el Correcto Satori del Buda. Realicemos la Verdad Universal. Concédenos la liberación y el esclarecimiento.
¡Oh, Bodhisattva de Cuello Azul, Kanjizai!, eres aquella de profunda compasión. ¡Bienaventurados los que desean verte, pues en tu manifestación encontrarán gran alegría! Felicidades a quienes se alegran con la trascendencia de las ilusiones. Bendecidos son los que realizan la superación de sus propios egocentrismos. Felicitaciones a los grandes practicantes del Camino.
Salve a quienes se liberan por la práctica del Dharma del Yoga. ¡Oh, Venerable Bodhisattva de Cuello Azul! Reverenciamos a quien posee rostro de Jabalí y rostro de León. ¡Salve a todos los Grandes Realizadores del Camino! ¡Oh, respetables que portan la flor de Loto! Venturosos los que se defienden con el disco chakram. Bendecidos los que se iluminan con el sonido de la caracola. Alabados los que portan el gran báculo. Salve a la Gloriosa Vencedora de color oscuro. Felices los que visten piel de tigre.
Me entrego a los Tres Tesoros: Buda, Dharma y Sangha. Me entrego a la Santa Bodhisattva Kanjizai. ¡Que podamos realizar todas nuestras aspiraciones! ¡Salve a todos los versos de este mantra!
La vida en la ciudad es un reto para muchos, yo incluido. Hace unos años, mi vida era una competencia constante contra el reloj y el mal humor. Recuerdo que salía de casa ya predispuesto a la batalla. No era que me preparaba para cosas negativas, pero algo dentro de mi siempre estaba a la defensiva.
Si el metro se retrasaba, era un ataque personal del destino. Si llovía, el cielo conspiraba contra mi. Si alguien me empujaba accidentalmente en la calle, mi mente generaba un discurso de tres tomos sobre la falta de educación en la sociedad moderna. Culpaba a la ciudad, a la gente y hasta al clima por mi infelicidad. Obvio que el gobierno tiene la culpa de todo. Estaba convencido de que, para ser feliz y estar en paz, necesitaba mudarme a una montaña lejana, lejos del ruido, del smog y los gritos.
Pero, como dicen en mi pueblo, a donde quiera que vayas, ahí estás tú.
¿Por qué siento que el caos en la ciudad me consume?
Vivir en una metrópoli moderna es, para muchas personas, un ejercicio de supervivencia sensorial. Estamos bombardeados por estímulos como anuncios brillantes, notificaciones en el teléfono, el ruido incesante del tráfico, la música de otros y esa prisa colectiva que parece contagiosa. Sentimos que el caos en la ciudad es algo externo que nos atropella, una fuerza que nos quita el control de nuestra propia calma.
Desde la psicología budista, entendemos que este «caos» no es solo lo que sucede afuera, sino cómo nuestra mente reacciona a ello. Pasamos el día en un estado de resistencia. Nos resistimos al tráfico, nos resistimos a la fila del supermercado, nos resistimos al ruido del vecino. Esa resistencia es la que genera el sufrimiento, no el hecho en sí. En el Zen, aprendemos que el mundo no tiene la obligación de ser silencioso para que nosotros estemos en paz. Y, de hecho, entendemos que no existe tal cosa como caos.
¿Cómo ayuda el Zen a navegar por el ruido urbano?
A menudo pensamos que el Zen es algo ultra pacífico o algo que solo ocurre en un cojín de meditación dentro de un templo perfumado con incienso. Pero el verdadero Zen se prueba en el semáforo que no cambia a verde cuando tú lo necesitas o cuando se cae el internet en medio de una reunión importante.
En nuestra escuela Soto Zen, practicamos Shikantaza, que significa «simplemente sentarse a meditar». No buscamos visiones místicas ni estados alterados; nos entrenamos para sentir la perfección de la vida tal cual es. Esto suena contradictorio, pero cuando dejas de pelear con el momento presente, el caos deja de ser caos y se convierte simplemente en «lo que está pasando».
Nuestro Primer Patriarca del Zen, Bodhidharma, escribió en su Sermón de la Penetración esta frase que me inspira:
«La mente es la raíz desde la cual todas las cosas crecen. Si puedes entender la mente, todo lo demás está incluido. Es como la raíz de un árbol. Todas las flores y frutos de un árbol, las ramas y las hojas, dependen de su raíz. Si alimentas esa raíz, el árbol se multiplica. Si cortas su raíz, él muere.»
Cuando dejas de ser el centro del universo quejumbroso, permites que los sonidos del tráfico, el olor del café y el roce de la gente solo sean. No te dejas derrotar por la ciudad, sino que cambias tu relación con ella. Ya no eres una víctima, eres un participante consciente que comprende que la paz no es la ausencia de ruido, sino la comprensión de la raíz de tu propia agitación.
5 consejos prácticos para sentir menos presión hoy mismo
No necesitas renunciar a tu trabajo ni ser monje budista. Es más, ni siquiera te tiene que interesar el budismo. Aquí te comparto cinco micro-prácticas que puedes aplicar mientras caminas por la ciudad.
El semáforo de la atención plena: En lugar de revisar el celular cada vez que el semáforo está en rojo, úsalo como una campana de meditación. Siente tus pies en el suelo, nota tu respiración y observa el cielo. Esos 30 segundos son un regalo de pausa, no un obstáculo.
Escucha el «Mantra Urbano»: En lugar de calificar los ruidos como molestos, bonitos o feos, intenta escucharlos como si fueran una sinfonía compleja. La sirena de la ambulancia, el motor del autobús, los pasos… son solo fenómenos sonoros surgiendo y desapareciendo. Escucha sin juzgar.
Kinhin en la acera:Kinhin es la meditación caminando. No hace falta que vayas extremadamente lento como en el templo, pero sí puedes caminar sintiendo el contacto de cada paso. Nota cómo el cuerpo se mueve solo. Camina para caminar, no solo para llegar.
La pausa del café consciente: Cuando tomes tu bebida matutina, hazlo de verdad. Siente el calor de la taza, el aroma y el sabor. Por dos minutos, no leas correos ni pienses en la junta. Solo existan tú y el café.
Cortesía radical: En un entorno donde todos se empujan, cede el paso. Deja que alguien pase primero en la fila o en el tráfico. Este pequeño acto rompe la inercia del ego y te conecta con los demás, bajando tus niveles de cortisol de inmediato.
Consejo bonus: Apaga el teléfono por al menos 2 horas al día y haz otra cosa. Lo que sea, pero desconéctate. El teléfono te está causando más daño de lo que crees.
Regreso a la espiritualidad
He tocado este tema muchas veces y lo seguiré haciendo hasta que me hagas caso. Necesitas una vida espiritual y punto.
Es común que hoy en día miremos con recelo cualquier cosa que huela a incienso o ritual. Sin embargo, tener una vida espiritual es vital para no terminar fundidos por las exigencias del sistema. Aquí hay un punto clave que debemos aclarar para estar en la misma página: espiritualidad no es lo mismo que religión.
La religión suele ser una estructura externa, con reglas, jerarquías y dogmas que a veces se sienten como una camisa de fuerza. La espiritualidad, por el contrario, es un asunto profundamente personal. Es el latido interno que nos dice que hay algo más allá de nuestra lista de pendientes y de nuestra cuenta bancaria. Es lo que nos permite sentir que estamos unidos al universo, que no somos una pieza aislada y solitaria flotando en el cemento de la ciudad.
Cuando cultivamos este regreso a la espiritualidad, nuestra relación con las cosas que pasan cambia radicalmente. Ya no vemos el mundo como un lugar hostil, sino como un despliegue de vida del cual somos parte. Al sentir esa conexión con todo lo que existe (la gente en el metro, el árbol que sobrevive en la banqueta, el viento que sopla entre los edificios), surge de forma natural una mayor paciencia. Nos volvemos más amables y compasivos porque entendemos que el «otro» es una extensión de nosotros mismos.
En el Zen vemos el 100% de nuestra vida como práctica espiritual. Trabajo, problemas de la ciudad y Buda son una sola cosa.
¿Por qué Zazen y la compasión activa funcionan en la ciudad?
Si alguien te dice que meditar es «poner la mente en blanco», ¡huye! Zazen es un ejercicio de meditación que te pone en una buena disposición para conectar con la vida. Y eso incluye entender que la compasión es esencial porque nos saca del aislamiento mental que tenemos en las ciudades.
Cuando nos sentamos en Zazen, desarrollamos la capacidad de observar nuestros pensamientos de enojo sin convertirnos en ellos. Si alguien te insulta en el tráfico, puedes notar el pensamiento «estoy molesto» en lugar de reaccionar como un resorte.
La compasión es nuestro mejor escudo. Si miras a esa persona que te empujó y consideras, aunque sea por un segundo, que quizá está pasando por un día terrible o que sufre igual que tú, tu enojo se disuelve. La compasión no es ser débil; es tener la firmeza de no permitir que la negatividad ajena dicte tu estado interno.
La ciudad también es Buda
Lo que me dio un poco de paz para mi vida en la ciudad no ocurrió en una cueva como la de Bodhidharma, sino en un vagón del metro atestado de gente. Estaba a punto de explotar de frustración cuando miré a la persona que tenía frente a mi. Se veía cansada, con los ojos fijos en la nada, probablemente cargando con las mismas preocupaciones que yo. En ese momento comprendí que la ciudad no era mi enemiga. El clima no conspiraba contra mí. La infelicidad no estaba en el smog, sino en mi resistencia a la realidad.
Acepté el ruido, acepté el empujón y, de repente, sentí una paz inmensa. El caos seguía ahí, pero yo ya no era parte de él. Sigo viviendo en la ciudad, pero mi relación con ella cambió para siempre. La perfección de la vida incluye el ruido del camión de la basura, porque eso también es vida manifestándose. Es el Buda enseñando el Dharma justo en nuestras narices.
Y a ti, ¿cómo te afecta la vida en la ciudad? ¿Cómo anda tu nivel de quejas? ¿Te atreverías a probar las prácticas que te compartí en este post? Me encantaría leer sobre tu experiencia en los comentarios. No importa si es un parque pequeño o solo el momento en que te quitas los zapatos al llegar a casa; todos tenemos un refugio.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
1. ¿Es posible practicar Zen si solo tengo 5 minutos al día?
¡Claro que sí! El Zen no se mide en horas, sino en la calidad de tu atención. Cinco minutos de presencia total mientras lavas los trastes o caminas hacia el transporte son mucho más valiosos que una hora de meditación con la mente perdida en planes futuros o rechazando el presente. La clave es la constancia, no la duración.
2. ¿Cómo manejo a las personas tóxicas o agresivas en el trabajo usando el Zen?
El Zen nos enseña a poner límites con sabiduría y compasión. No significa dejar que otros te pisen, sino responder en lugar de reaccionar. Cuando alguien es agresivo, observa tu propia reacción interna. Al no devolver la agresión, mantienes tu centro y, a menudo, desarmas el conflicto sin necesidad de palabras hirientes.
3. ¿Necesito ser budista para aplicar estas técnicas de micro-práctica?
Para nada. Las enseñanzas del Zen sobre la atención plena y la compasión son herramientas universales para el bienestar humano. Puedes ser de cualquier religión, o de ninguna, y aun así beneficiarte de estar más presente y ser más amable contigo mismo y con los demás en el entorno urbano.
Esta semana continuamos con El Sutra de las Montañas y Aguas (Sansui kyou), que es parte de Shobogenzo.
En los párrafos para hoy, Dogen Zenji rompe nuestra percepción ordinaria para ver que el agua no es solo un líquido que calma la sed, sino que es la naturaleza de Buddha. Al decirnos que el agua «se extiende en pensamiento y razón», sacude el ego para que comprendamos que no somos observadores ajenos al mundo, sino que la realidad fluye a través de nosotros con la misma libertad con la que la lluvia asciende al cielo o se convierte en ríos.
Dogen nos hace pensar en dejar de ser «estúpidos» ante la evidencia de la interconexión y la vacuidad, recordándonos que lo que para nosotros es un arroyo, para un dragón es un palacio y para un ser celestial es una joya. Esta práctica nos permite soltar las definiciones rígidas para reconocer que cada gota de agua contiene tierras infinitas del Buda.
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El tema del día será: El Sutra de las Montañas y Aguas, de Dogen Zenji. Parte 5.
Los espero:
Día: Domingo 15 de marzo de 2026.
Hora: Ciudad de México / Guadalajara 10:00h Caracas / La Paz 12:00h Madrid 18:00h
Por respeto al Maestro y los asistentes, LLEGAR TEMPRANO. Comenzamos a la hora en punto y se cerrará la reunión de Zoom.
Duración: 90 minutos.
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Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi